Memoria y revancha

Vivimos una nueva temporada pugnaz en torno al debate de la llamada “recuperación de la memoria” histórica. Más de ochenta años después de la tragedia de la guerra (in)civil, resurge el griterío denunciando la supuesta amnesia colectiva de una sociedad, como la española, cuyo ejercicio rememorativo ha sido realmente inusual. A mi entender, este resurgir justiciero que reniega de la exitosa Transición y sus providenciales paces, es consecuencia tanto del auge del populismo como del desmayo de los objetivos históricos de una Izquierda en profunda crisis, doble causa que ve en la mirada retro un relleno para su vacío ideológico. Se suelen recordar, entre otros muchos ejemplos, la ley romana de 403 a. C. que, en defensa de la paz lograda, prohibía severamente recordar los males pasados, así como la inteligente y generosa idea del historiador Marc Bloc de que el olvido es el mayor beneficio de los pueblos heridos. El insistente rechazo de la Transición pacífica –que fue tan costosa como sabemos los que la vivimos de cerca— resulta cuando menos absurdo en una España abrumada de problemas políticos y socioeconómicos que ha de moverse, además, en un entorno geopolítico nuevo y complejísimo.

¿Tiene sentido la continua polemiquilla sobre la mudanza del callejero, las retiradas de símbolos tan delicados como las cruces de los caídos o la reclamación de las exhumaciones del Valle de los Caídos? ¿No es más bien ese lúgubre ruido la sinfonía discorde con la que algunos tratan de tapar su fracaso ideológico y político? Probablemente sí, entre otras razones porque, como han señalado ilustres críticos de la propia Izquierda, carece de sentido hablar de amnesia justo cuando el ejercicio de esa memoria histórica tras la Dictadura ha sido el mayor que se haya registrado en España. Es por completo falso que la Transición impusiera silencio forzando la amnesia colectica, como ha probado de modo aplastante, entre otros, alguien tan poco sospechoso de connivencia como el profesor Santos Juliá en alguna ejemplar reflexión, al defender el éxito de la estrategia pacificadora que fragua en la amnistía de 1977, tan emotivamente retratada por en el famoso cuadro de Genovés. No nos engañemos: la causa de esta vuelta a la revancha no es otra que la llegada de la Derecha al poder en los años 90, una causa que se ha vuelto explosiva con la irrupción del populismo y la anemia ideológica de la Izquierda clásica. Esos “nietos de la guerra” andan desconcertados y a cuestas con su “media memoria” entre los escombros legados por la crisis económica. El cuadro goyesco sigue siendo, lamentablemente, nuestra triste caricatura.

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