Una relevante editorial norteamericana ha decidido suspender la publicación de la novela de un superviviente del campo de concentración de Buchenwald en la que narraba sus amores con una niña que le ayudó a vivir desde el otro lado de la alambrada –“El niño del pijama amarillo”, como ven, hace estragos—y que, reencontrada luego en una romántica cita a ciegas, pudo finalmente ser su mujer. El idilio y odisea de Herman y Roma Rosanblat no sería más que una leyenda bien tramada desde la convicción de que entre la memoria y la realidad los límites son muy precarios y más en circunstancias tan extremadas, un caso similar al ocurrido aquí, en España, hace bien poco, cuando un anciano y presunto ex-presidiario de Mauthausen, Enric Marco, logró convencer de su aventura incluso a los antiguos prisioneros de un campo durante treinta años, a quienes llegó a presidir en su asociación y desarrollar una larga campaña que incluyó desde el Parlamento a las escuelas a pesar de no haber pasado jamás por aquel calvario. La historia de Rosamblat ha sido cuestionada por los expertos y la editorial le ha reclamado el dinero recibido en condición de adelanto, negándose en banda a editar esa historia que no por no ser cierta ha de ser mala. Me pregunto qué ocurriría si algún escudriñador descubriera que la conmovedora historia de Anna Frank no fue sino la invención de una joven imaginativa, pero enseguida me contesto a mí mismo que, al menos para muchos de sus lectores, su odisea seguiría siendo tan estimable y legítima como la historia de Arturo arrancando la espada ‘Excalibur’ de la roca o la del Cid jurando por tres veces en Santa Gadea. Todos conocemos a una patulea de héroes inventados, sin salir de nuestro país, que sostienen haber luchado en imaginarias clandestinidades y es raro que alguien levante su voz para desmentirlos, pero entiendo que, además, el caso de la creación literaria, es distinto al del autobombo y debe gozar de un estatuto más amplio y permisivo. Rosanblat no es un vulgar camelista sino un imaginativo y la prueba es que le iban a sacar su novela por la puerta grande.

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El grueso del cine épico es también, obvio es decirlo, imaginario en enorme medida, y sin embargo, nadie la ha puesto un pero durante décadas de éxito, como pocos se lo pusieron en su tiempo a la novela de caballería o a los relatos de santidad. Y lo mismo debe decirse de la novela, especialmente en una sociedad como la nuestra que ha convertido en un bestseller sin precedentes un engendro falaz como el “Código da Vinci” y el vasto patrañuelo que tras él ha invadido nuestras librerías. Me parece duro el expediente adoptado contra los Rosenblat, francamente, sobre todo si se tiene en cuenta la cantidad ingente de inventores y fantasiosos que pululan por este mundo, y el hecho de que nada se ha dicho sobre la calidad de la novela escrita, que es lo que debería primar por encima del testimonio, y no al revés. Nuestro Enric Marco daba increíbles detalles y describía circunstancias inverosímiles para quien no hubiera estado en el campo, hasta el punto de que, a veces, me he preguntado, si el hombre no llegaría a funcionar desde un desdoblamiento difícil de superar, es decir, en fin de cuentas, desde “su” verdad. La experiencia nos confirma sobre la falibilidad de la memoria y el ancho margen subjetivo con que la imaginación, no necesariamente dolosa, retuerce la realidad propiamente dicha hasta convertirla en otra distinta. Ahora se discute en Francia si el mítico ‘Jean Moulin’, cabeza de la Resistencia, acaso no fue trigo limpio como cree la mayoría de sus compatriotas, pero lo que nadie va a conseguir es borrar la leyenda del héroe del palimpsesto popular, porque si nos ponemos en ese plan no iba a quedar novela histórica en pie. Bajo una encina de Buchenwald se sentaba Goethe con Carlota. Quizá esto tampoco es verdad pero te lo cuentan en cuanto llegas a aquel infierno.

3 Comentarios

  1. Inmediatamente le viene a una a la memoria Verona y el balcón do pelaban la pava los dos amantes por antonomasia. O bien piensa quién fue el que escuchó a Beltrán Du Guesclin decir aquello de ‘ni quito ni pongo rey…’ Cuánto hay en la historia de lo que hoy llamamos leyendas urbanas.

    Es más, en lecturas y reescrituras, en palimpsestos de los que pocos manuscritos se conservan, quién osaría afirmar sobre la Biblia que don Ivan Ilich escribió de su puño y letra aquello de que la democracia burguesa decide una vez cada cierto número de años quién ha de oprimir y aplastar al pueblo desde el Parlamento.

    Para una servidora tanto le da que le da lo mismo y no se molesta en aventar demasiado para separar en lo que llamamos Historia, lo certo de lo ben trovatto. Para mí que Códigos y biblias de barro, cruzados y harrypótters, son una bazofia porque como a los malos prestidigitadores, en seguida se les ve el naipe oculto o se les enreda el ramo de flores en la tanza invisible. DE ahí que una comulgue con las anécdotas guerracivilistas de Eslava Galán y no se crea otras sesudas y archidocumentadas patrañas del listillo de turno.

    Honor a la ciencia cuando está bien cimentada en sus demostraciones y garrote vil a la historia si está mal escrita, aunque sea tan veraz como el sol que alumbra.

  2. Hoy no estoy de acuerdo con don José Antonio porque me parece que los Rosenblat sí exageraron. Que uno invente una historia, por muy politicamente correcta que sea, y que se la publiquen como tal , me parece estupendo, sobre todo si es buena, si está bien escrita y si hace algo más que jugar con sentimientos tales como la compasión. Pero si pretendes dar testimonio y es todo mentira, me parece muy mal. Si mientes de buena fé, por equivocación o ignorancia se te puede excusar, aunque plantee algún problema pero si mientes deliberadamente, no tienes ninguna excusa.

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    Besos a todos y que este nuevo año les resulte luminoso como un día sin nubes, y sereno como una noche estrellada.

  3. habra que estudiar QUE INTERESES mueven los lios que priven de libertad de expresion a una publicacion que ya tenia total conviccion de ser publicada, quien nos vigila. un saludo Don Jose Antonio

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