En el Boletín de las Cortes y en plena orgía navideña ha aparecido el fallo del premio que la Cámara concede para tesis doctorales. Así queda enterrada, pues, la noticia, feliz noticia, de que un joven sevillano, José Romero Portillo ha obtenido este año el galardón correspondiente a Periodismo con la suya, dedicada a recoger y poner en claro la aportación de Víctor Márquez Reviriego a ese género tan complicado como es la crónica parlamentaria. Haber ha habido muchos cronistas eximios o por lo menos estupendos en nuestra historia democrática, comenzando por los que siguieron de cerca las Cortes de Cádiz y los que observaron los trabajos parlamentarios durante la Restauración y la Regencia, gente ilustre de la que se ocupa Romero, como Carlos Lebrun, Francisco Cañamaque, Tomás Lucero, Arturo Mori o el propio Josep Pla, pasando por los que a mí al menos me parecen la cumbre del género: el maestro Azorín y Wenceslao Fernández Flores, cuyas “Acotaciones de un oyente” me parecen una de las interpretaciones más finas del mundillo político hispano. A Víctor lo he visto yo –que me sentaba a su lado en el palquillo de plumíferos del Congreso—lanzar esas crónicas en caliente, tecleando a mano sobre una vieja máquina mucho antes de que la Cámara adecentara el espacio de los periodistas, y su trabajo –imprescindible para entender la Transición y sus meandros—editado está también en la institución. Me temo que resuene poco este éxito andaluz habida cuenta de lo poco que importan en España  las tesis como esos parlamentos en los que hasta hace poco no se distinguía entre “miembros y miembras”.

 

La actividad parlamentaria tuvo siempre sus aficionados entre nosotros y me parece que lo suyo es reconocer que, en no pocas ocasiones, su producto, las crónicas, superaron con mucho las propias intervenciones prodigadas en el ambón. Las de Víctor, por ejemplo, como sabe mejor que nadie Pepe Romero, constituyen una auténtica historia política de aquel periodo crucial que, tal como temían los más medrosos del palquillo, acabaría un día decorando con unas cuantas ráfagas el techo isabelino. El debate parlamentario, su vida en general, es una víscera pulsante de la política pero con frecuencia también una pieza de casquería. Estoy deseando comprobar cómo ve la cosa Romero focalizando a aquel joven Víctor Márquez que fue el más brillante de nuestros cronistas, le pese a Agamenón o cuadre a su porquero.

7 Comentarios

  1. Me uno fervientemente a la última frase del Anfitrión. Tuve el honor de asistir al pregón que hizo en las fiestas de su pueblo, (Villanueva de los) Castillejos allá en el año 1969. De entonces acá, dura mi admiración más considerada.

    Si él tuviera la condescendencia de leer esto y recordar aquel texto, no dejará de convenir en que había un puntazo marxista en aquella disertación, con el pretexto de una fiesta religiosa. (*)

    Yo ya lo había descubierto pues un su pariente volvía, siempre que iba a Huelva, con el Triunfo bajo el brazo. Luego puedo asegurar que me he bebido sus «Auténticas entrevistas falsas», las «Presencias andaluzas», «El desembarco andaluz», con su Carmen Romero de exGlez, en bella fotografía de flamenca, «El pecado consensual» y sus «Escaños de penitencia».

    *.- No silencio que, tras el ágape correspondiente, asistí a una pequeña fiesta flamenca en su honor, donde los cantes de Huelva tuvieron glorioso protagonismo.

  2. te es un caso especial, pero llamo la atención sobre los premios de prensa que concede anualmente la Junta y que jamás recayeron ni sobre A. Burgos, ni sobre I. Camacho, ni sobre ja gómez Marín, ni sobre Caraballo, ni sobre Mármol, ni sobre A. Lazo, ni…

  3. Un día debe usted hablarnos de esa experiencia en el palquillo de los periodistas acreditados en el Congreso. ¿Le pilló allí lo que todos estamos pensando? Una vida como la suya está clamando por unas memorias personales.

  4. Ese maestro cojuelo que me preside se ve que conoce el paño. aunque recoinzoca que ya es mérito leerse el BOJA para ver a quien premian estos señoras y señoras junteros, tan imparciales y respetuosos con el criterio ajeno. Con respecto al autor andaluz ahora premiado, mi felicitación y el deseo de que podamos ver impresa esa tesis pronto. En una autonomía «de primera» ya la habrían apalabrado con el autor.

  5. La crítica parlamentaria ha tenido en España gran cultivo, aún mayor del que resume la columna. Y estoy seguro de que la consideración que jagm muestra hacia el Azorín cronista de Cortes (y diputado, no se olvide) no fue en general ni distante ni imparcial, pues su proximidad al maurismo y al ciervismo (a La Cierva, su ministro, se le conocía por «Puño de hierro») le sesgaba la perspectiva. Admiremos a Azorín por lo mucho bueno que escribió y olvidemos lo demás…

  6. Espero que no esperen (perdón) que la Junta solidaríiiiiiisima edite esa pobra premiada a un andalucito. Estos reservan sus homenajes para Barenboin, lo que no sé es si liego reparten los beneficios… musicales, ojo, a ver qué estaban pensando.

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