Finalmente la autoridad competente ha declarado el principio del fin de la crisis. Se proclama que Europa ha dado la espalda a la recesión y que, aunque el trabajo –ese castigo divino convertido en privilegio– ha salido tocado del conflicto, pudiera ser que nuestras economías hayan visto recompensados sus esfuerzos (que son los nuestros) con la apertura de una rendija por la que se entrevé de nuevo el paraíso perdido. Es curioso porque, si cuando se anunció con tiempo la crisis se negó su realidad hasta el extremo de acusar de antipatriotismo a sus anunciadores, ahora parece que lo que priva es poner en duda la recuperación, unos por puro patriotismo de partido, otros quizá temerosos de que los síntomas de mejoría sean un espejismo. No importa que en España, además del boom de las exportaciones y el descenso de la prima, llevemos meses aliviando el paro, o que en Francia o en Alemania se haya crecido por encima de las previsiones oficiales más optimistas: lo “correcto” es mantenerse, al parecer, en una postura matizadamente escéptica cuyo principal argumento es que, en el mejor de los casos y de ser cierto lo que se anuncia, superar lo que se dice superar la crisis nos llevará mucho tiempo y todavía también mucho esfuerzo colectivo. La verdad es que los que tienen que opinar no lo tienen (tenemos) demasiado fácil habida cuenta de las discrepancias continuas entre las grandes instituciones económicas, pues cuando la UE deja entrever un horizonte de bonanza, el FMI -no falla– sale por peteneras para aguarnos la fiesta con sus agoreras previsiones, si no es el Banco de España el que interviene para desarbolar el optimismo.

Unos años de crisis nos han hecho caer en la desesperanza de un modo parecido a como, mientras duró la abundancia, los teóricos de la “new age” sugerían que tal vez el Sistema –el capitalista de mercado, se entiende– había llegado a fraguar al punto de resultar inmune a esas crisis que Marx y tantos otros consideraban que no eran más que estrategias de ese Sistema utilizaba para garantizar su supervivencia. Sólo la evidencia aplastante de la bonanza, llegue antes o después, nos sacará de este círculo vicioso en el que o no llegamos o nos pasamos a la hora de pronosticar. Que la cosa cambia parece cada vez menos discutible. Los que no cambiamos somos nosotros. El escepticismo resulta casi siempre chic, así como la esperanza es lo último que se pierde.

5 Comentarios

  1. Parece que todo el personal está en la playa, dado el silencio del blog,. en el que, sin embargo, se han publicado estos días algunos artículos de especial interés. El de hoy es interesante porque pone el dedo en la llaga de la crítica parcial (partidista) que hoy tenemos, por desgracia.

  2. Nihil novum sub sole. Hay un espejo que, por lejano, parece que no nos llega su imagen.

    Sin embargo sabemos que los japos han pasado una crujía más o menos tan gorda como la nuestra. ¿Alguien recuerda que el índice nikkei perdió un 63% de su valor? Los precios de los bienes inmuebles cayeron en picado y han tardado más de doce años –la ‘década perdida’– en volver a subir y poco.

    Nada, sobre todo el mercado de trabajo, volverá a ser lo que fue. Los brotes verdes tardan en convertirse en débiles ramitas y no siempre medran.

  3. Ah, y que mi don Max tiene más razón que un santo. Se nos han ido vivas dos o tres columnas de mucho fundamento.

  4. También yo creo que la crisis ha tocado fondo posiblemente en España, y que ahora lo que queda es remar río arriba para recuperar el espacio perdido. El ejemplo de Japón que trae a colación don Epi, con su enciclopédica cultura, viene al pelo. Pero el camino será largo y, efectivamente, nada volverá a ser como era, aparte de que se ha destrozado la vida a una generación “madura” y también a una “joven”. Habrá mucho que pensar tras esta crisis que me parece la más ilustrativa que ha vivido la humanidad sometida al régimen capitalista.

  5. De poco nos sirve –un poco vagos que somos todos– elogiar ahora las columnas de días pasados que no comentamos. Si sirviera de algo haría ahora varios elogios (en especial el que se refiere al medido obituario de la duquesa) pero no me parece bien. Por mi parte, mea culpa, como suele decir jagm.

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