El joven rey del Reino de Bután, un rincón tibetano pobre pero honrado, ha decidido abandonar el criterio técnico de medición del bienestar de una nación a través de indicadores como ese tan universal que es el Producto Interior Bruto, el famoso PIB, y sustituirlo por otro de su invención, el de Felicidad Nacional Bruta (FNB) más acorde a su juicio con la realidad. “Si usted tiene diecinueve trajes y yo solamente tengo uno, resulta que la media de nuestro fondo de armario es de diez por barba”, decía el viejo chascarrillo inevitable en la Facultad, antes de que próceres como el malogrado Bob Kennedy pronunciara, en pleno 68, aquella arenga casi lírica en la que renegaba del PIB por considerar que este indicador no tenía en cuenta, entra tantas otras cosas, ni la salud de la infancia, ni la calidad de su instrucción, aparte de no ser capaz de medir la belleza de la poesía o la estabilidad de los matrimonios. ¿Por qué clasificar a los países con ese concepto tan equívoco que resulta que sirve para medir todo menos lo que hace que la vida merezca la pena?, se preguntaba Kennedy, y llevaba más razón que un santo. Pero ahora ese joven monarca ha organizado en la ONU una cita de sabios con el encargo de buscar un indicador sustituto que, además de ser capaz de medir el crecimiento cuantitativo sirva también para estimar en su justa medida el cualitativo. Es cierto que hace tiempo que la ONU viene proponiendo conceptos nuevos tales como el Índice de Pobreza Humana (IPH), el Índice de Desarrollo Humano (IDH), el de Salud Social y el de Bienestar económico, pero la realidad es que usted sigue con su repleto fondo de armario y yo con mi traje raído, y que todos ellos no ha servido más que para aliviar la “mauvaise conscience” de quienes velan por el mantenimiento de la sociedad desigual.

No creo que nos libremos de ese comodín, pero hay que decir que con creciente frecuencia se oyen voces que reclaman medidores del bienestar más realistas, es decir, que no sólo tengan en cuenta la actividad mercantil de una sociedad dada sino también que tengan presente también sus niveles de bienestar, y entre ellas elijo una que pide a los políticos mudar su objetivo de aumentar a toda costa el PIB por el de promover el crecimiento del confort o la felicidad pública. Bután es el último bastión de la utopía, una bella y enigmática Babia empeñada en humanizar a toda costa la Economía, aunque una mayoría de sus habitantes se declaren hoy por hoy infelices. Mucho me temo que a los países ricos, tan conformes con sus PIBs y sus miserias invisibles, les ocurra justamente lo contrario.

6 Comentarios

  1. Hay mucha verdad en lo que dice aunque el concepto del butanés no parece que tenga mucho sentido de la realidad. Lo del fondo de armario es verdad que es un viejo ejemplo facultativo y las objeciones que se le hacen al PIB como indicador, son obviamente justas y justificadas.

  2. Sí, muy bien, pero ustred mismo lo dice: la mayoría de los habitantes del país se sienten pobres: No diría yo que el PIB sea un indicador idóneo, pero observen que los países con mayior PIUB son los que presentan mejor calidad de vida. ¿Casualidad?

  3. Una historia maravillosa de un mundo no menos maravilloso, dicho sea en sentido literal. El joven Rey parece sacado de las 1001 noches.

  4. Por ser rey «la gente » no hace nada. Simplemente nace. Estoy con Berenice y con don Pangloss, de las mil y una Noches o de Voltaire, mas socarrón.
    Besos a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.