Conocemos ya muchas infamias que el mundo rico comete en África en materia de sanidad. Una de ellas, acaso hoy la primera, es la negativa de la farmaindustria a rebajar los prohibitivos precios de los antivirales y demás recursos utilizados contra el SIDA a pesar de que esa enorme pandemia crece como la espuma año tras año. Hace algún tiempo se produjo también un considerable escándalo cuando la “buena conciencia” del mundo privilegiado se enteró de que, a través de ciertas ONGs, se estaban enviando a algunos de los países más ruinosos del continente, fármacos legalmente caducados que allá se administraban como vigentes. Y ahora nos enteramos por ‘The Lancet Oncology” que, puesto que ocho de cada diez mujeres que mueren de cáncer de cuello de útero pertenece al África más arruinada, y dado que la vacunación masiva resultaría también prohibitiva, la Fundación Gates ha propiciado la investigación de una “prueba económica” de fácil aplicación y para la ni siquiera es preciso disponer de agua corriente. Ni que decir tiene que los trabajos de experimentación se han realizado en otro país pobre, en este caso en China, pero los sabios están encantados porque aseguran que con una sola visita a las desgraciadas a las que se dedica el invento y su tratamiento adecuado, las muertes por esa causa se reducirían a un tercio. La pregunta, claro, salta sola sólo con pensar que si de verdad eso es como lo cuentan los sabios no se ve la razón por la que no se aplica tan portentoso instrumento epidemiológico en los países desarrollados, y si no lo es tanto, entonces, ay, es que estamos una vez más en el brete de exportar a los miserables una medicina sucedánea. Cuando a Kennedy se le ocurrió la idea de alimentar a la población indígena sudamericana a base de un producto derivado de la harina de pescado llamado “Incapirina”, rico en proteínas y otros benéficos elementos, su fracaso fue tan sonado que hubo que retirar aquel manjar a toda prisa ante la iracunda reacción de la mayoría de las etnias locales. No es cierto ya eso que en el XVIII decía Chamfort de que los pobres son los negros de Occidente. Hace tiempo que Occidente tiene sus negros en origen.

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A África no sólo se le niegan los fármacos indispensables a un precio asequible, se le destinan los medicamentos que en nuestros países se consideran desechables o se la utiliza como campo de pruebas para nuevos e imprevisibles remedios médicos, sino que, al estudiarse un método barato de medicina para ser aplicado allí, es obvio que se está apostando por la idea definitiva de discriminar a todo un mundo excluyéndolo de la medicina convencional, a pesar de las inmensas riquezas que el mundo desarrollado está obteniendo en sus países –en tantas ocasiones por procedimientos injustos y hasta crueles—con la complicidad de las oligarquías indígenas. Ya sé que la razón que se da es que en esos países no existen, por lo general, las infraestructuras mínimas (no hay ni agua corriente, ya digo) que resultan imprescindibles para llevar a cabo campañas sanitarias rigurosas, pero ¿de verdad la solución está en averiguar una medicina de pobres dejando las cosas como estaban, es decir, poner mal que bien una venda que tape la llaga para que la sensibilidad de este Occidente depredador duerma más tranquilo si es que no a pierna suelta? En medio de tan insistente noticia sobre la costosa prevención de ese cáncer en nuestra privilegiada zona, comprenderán que hay que tener estómago para aceptar como si tal cosa ese hallazgo, sin duda benéfico, pero fatalmente discriminatorio. Si no fuera así, ya digo, no tendría sentido emplear aquí protocolos que en no pocas ocasiones, incluso, se han cuestionado por su alto coste. La verdad, la única verdad, es que nosotros tenemos en casa nuestros propios pobres, pero en África disponemos de una enorme reserva que nos sirve hasta para experimentar. En beneficio propio, se entiende, en beneficio propio.

10 Comentarios

  1. Otra tremenda y espeluznante realidad, que la inquietud de donja por los problemas de justicia y su preocupación por África lo fuerzan a airear. El razonamiento me parece perfecto –si es más barato, por qué no lo aplican en el gran mundo–, lo que no supon e despreciar la iniciativa de los millonarios Gates, sin duda benéfica. Lo que irrita es que coexistan medicinas distintas para pobres y ricos. en eso la columna es inobjetable.

  2. Me sumo a la pregunta de Far West. Yo he leído algo de la “incaparina”, mezcla nutritiva de ciertas harinas (especialmente del algodón y el maiz) inventada por el bioquímico Ricardo Bressani para el INCAP (Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá) a mediados de los 50’, no sé si se trata del mismo producto.
    Volviendo a la reflexión, parece que al que dijo aquello de que “la caridad es el reverso de la justicia” no le faltaba razón, aunque yo no estoy del todo de acuerdo, creo que eso ocurre porque esa “kharis” no es un maná verdadero sino una mentira fruto de la codicia por aquellos que no quieren ver su status amenazado.
    Magnífico comment, como de costumbre.
    (Aunque reconozco mi debilidad por Vd. cuando toca estas cuerdas).
    Abrazos.

  3. Quizás hoy no esté totalmente de acuerdo con el maestro aunque suscribo a su afirmación según la cual “en Africa disponemos de una enorme reserva que nos sirve hasta para experimentar”.

    En Francia se ha prohibido recientemente la actividad de ciertas ONG que mandaban medecinas a países subdesarrollados africanos o no porque, efectivamente, algunos o muchos llegaban caducados. Tal prohibición viene no sé si es por generosidad o si es porque los laboratorios veían estos envíos con malos ojos. Lo que sí sé es que pequeños dispensarios que dependían exclusivamente de nuestros envíos han cerrado sus puertas y que ya no pueden aliviar a nadie, pués no disponene de ningún medicamento.
    Creo que practicamos , por lo menos en Francia, una medicina cara y a veces poco eficaz, y que ignora totalmente la prevención. Para muchas dolencias es inutil acudir al médico, y hasta tomar medicamentos. También hay ocasiones en que el diagnóstico es fácil y la medicación también. Creo que debería haber una medicina de tres nivelles . Una para las gripes, las enfermedades corrientitas, otra para las cosas más serias y para terminar los verdaderamente peligroso, extraño, complicado , que necesita un personal muy competente y un material sofisticado. Naturalmente , imaginen la que se va a armar si se crea algo entre enfermera y médico….
    Ni la medicina, ni la enseñanza pueden ser totalmente libres de contingencias materiales, porque así es como se sierra la rama en donde está uno sentado. No es normal que gastemos tanto en la enseñanza y que halla tantos analfabetos y tantos alumnos que salen de la escuela sin ningón diploma. No es normal que tengamos una seguridad social con una deuda abisal y que mueran tantas ancianos en los hospitales cuando hay una ola de calor. Gastamos mal , y creo que lo importante es ser eficaz. Si este sistema es el más adaptado a la realidad africana, pues ese es lo mejor para ellos. Quizas nuestro sistema no sea el más eficaz, ni el mejor adaptado a nuestra sociedad: querer imponerlo a los demás es vanidad.

  4. “África siempre llevará a cuestas la historia del colonialismo, nunca podrá ignorarlo” (R. Kapuscinski)
    La verdadera enfermedad de los pobres es la miseria, los que la originan, la permiten y la sustentan.

  5. No hablaba jagm de caridad, aunque lo hace a veces, con razón, sino de justicia: ¿puede haber un sistema para ricos y otro para pobres? Si son igales de eficaces ¿por qué no se aplica a todos el barato? No me explico las vueltas de algunos contertulios, porque la intención de la colñumna no puede estar más clara y asistida de lógica.

  6. Señor mío, no sea tan arrogante ¿por qué da por hecho que no hemos captado la idea principal?. Eso no quita para que aportemos nuestras propias opiniones. Hasta el mismo Anfi ha dicho más de una vez que se aceptan los cambios de tercio, la única condición es el respeto si no recuerdo mal.

  7. 00:02
    En Europa también tenemos una medicina para ricos y otra para pobres. Siempre la ha habido.

    Suprimir los envíos de medicamentos caducados sin sustituirlos por otros en vigor es como quitarle el mendrugo a un mendigo hambriento.

    Hay muchos medicamentos que no se estropean con el paso del tiempo. La caducidad de TODOS los medicamentos es un invento de los laboratorios para aumentar sus ventas. Le ley casi siempre favorece a los poderosos.

    ¿Les parece lógico que el alcohol de 96º y el bicarbonato caduquen? Es como casi todo una desvergüenza.

  8. LOS TODOPODEROSOS SIEMPRE SE JACTAN CON LOS DEBILES, ES YA UNA COSTUMBRE CONVERTIDA EN LEY,UN SALUDO DON JOSE ANTONIO.

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