Rebotando por las agencias nos ha llegado una noticia, procedente de The Times, según la cual un médico italiano acaba de desvelar el secreto de la sonrisa de la Gioconda, según él debida ni más ni menos que al efecto fisiogmómico del colesterol que habría provocado, en torno al ojo izquierdo de la musa, síntomas de xantelasma, lo que traducido parece que significa formación de diminutos tumores palpebrales  benignos. El mismo galeno, Tito Franco (no es broma), sostiene la hipótesis de que Miguel Angel padeciera de cálculos renales en base a que sus rodillas, en el famoso cuadro de Rafael “La Escuela de Atenas”, aparecen hinchadas y nudosas, y que la infanta Margarita, tal como Velázquez la vio en “Las Meninas”, debía de sufrir el síndrome de Albright, cuyos síntomas –pubertad precoz, corta estatura, enfermedades óseas y problemas hormonales—reconoce a simple vista nuestro lince. Siempre existió la tentación hermenéutica de interpretar la figura artística o literaria en función de cierto materialismo médico, con base en el cual Marañón diagnosticó la presunta sífilis de Tiberio o la probable homosexualidad de ‘Don Juan’, y una legión de doctores tradujeron la pasión de Cristo en variadas claves hipocráticas. Pero nunca habríamos imaginado que acabaría cuestionándose la indescriptible sonrisa del Louvre tras la que, por cierto, no hace mucho, otra minerva propuso adivinar al mismísimo Leonardo travestido para la ocasión. Los esfuerzos de los antropólogos por descifrar el sentido práctico de la pintura parietal no lograron nunca mediatizar la integridad estética de esas escenas de caza en las que, en ocre y negro, el arte balbuciente pulsó por vez primera con su plectro el rabel de la sensibilidad. Vano intento el de descifrar la obra de arte en clave materialista. Esas divertidas conjeturas resultan tan peregrinas como los análisis post-engelianos del arte y lo poético en general. Emile Mâle o André Chastel resultan hoy  incomparablemente más atractivos y verídicos que todos los que fueron (o fuimos) materialistas de estricta observancia.

 

No hay que buscarle tres patas al gato del arte. No creo del todo en la propuesta de Stendhal de que el arte (la pintura) no es más que una construcción moral, pero siempre me pareció genial la broma de Renoir de que el impresionismo nació una mañana en que uno de sus colegas de generación echó mano del azul porque se la había agotado el negro. Hay que plantarse en el Louvre, delante del venerado retrato de Leonardo, absorbiendo sentimentalmente su sonrisa como quien aspira la pipa de kif. Lo demás, queridos materialistas, es pura ingenuidad y pérdida de tiempo. La mujer del Giocondo, sobre su desvaído fondo de verdes huidizos, sonríe indiferente ante esas bachillerías.

17 Comentarios

  1. Completamente de acuerdo. Tratan al arte como al cadáver en la mesa de anatomía, pero el arte no es un cadáver. Lo inaprensible del arte es un misterio, casi un milagro y tratar de explicarlo como quien explica un teorema es un absurdo.

  2. Digna esa confesión de parte (final del primer párrafo), le honra la sinceridad. Excelente el enfoque de una noticia y el modo de extraerle hasta el jugo que no tiene. Eso es lo que me gusta de estas columnas, su espontaneidad, que demuestran el dominio literario y la capacidad ensayística. Me va a permitir una consideración, don gm: ¿no estará usted perdiendo el tiempo ofreciendo margaritas a los cerdos?

  3. Mi Yamayor, por Dios santo, que por usted no iba, ni por nadie del Casino. ¿Me cree usted capaz de semejante grosería? Mis exsusas de todas maneras, de verdad, creo que estuve afortunado.

  4. Ji, ji, ¡Pero qué bobo! Una sonrisa giacondina (que para mí que estaba estreñida), uuuuuuhmmmm.

  5. (Vaya. Parece que Napo, el cerdo asesino de masas, se asoma a este rincón. Al menos toma un nick atrevido. ¿O no ha leído ‘La rebelión… Desafinado, como no no podía ser de otro modo. Autorretrato, se llama la figura).

    No he sido capaz de encontrar otra reproducción de la señora Cachonda que la de la Wiki. Le atizo con la lupa y no encuentro los xantelasmas que Tito Fr… -disculpen me ha dado la risa floja- descubre. No sé cuánto de buena puede ser la copia que Tito ha escudriñado, pero les juro que un servidor que nunca tuvo mal ojo clínico diagnosticaría otra cosilla muy dsitinta y que tengan por seguro no voy a manifestar. Tonterías, las precisas y siempre sobra alguna.

    Ya había leído el comentario del Fr… ese en no sé dónde y me causó lástima, no que el pamplinoso diga su vaina, sino que se haga eco de ella un periódico al que siempre habíamos tenido por serio.

    Lo de Margarita Teresa es ya para estar dando collejas al tal Tito hasta que se ponga el sol. Supongo, y es mucho suponer, que el (presunto) lince habrá repasado toda la iconografía velazqueña del personaje, que no es poca. Yo, con tiempo y sorna, me he tomado unos minutos y recomiendo a los posibles pacientes del citado galeno que disimulen la risa cuando les haga un diagnóstico bizarro y acudan siempre a una segunda consulta.

    Nos ha merengao.

  6. Muy de acuerdo una vez más con la ironía del columnista, que no le quita severidad a sus comentarios. Razón lleva más que un santo Yamayor, aunque no he entendido lo de Napo el cerdo. Otra con la que la han tomado de antiguo es la pasión de Cristo, en efecto, y se han dicho sobre ella toda clase de cosas, lógicas o absurdas, según. Yo creo que el ojo clínico está para el paciente vivo. Espero estar de acuerdo con los galenos de este Casinillo.

  7. Descubrir la pólvora siempre ha sido una tentación para gente mediocre.

    No hace mucho oí a otro minerva explicar cómo investigaba el clima de antaño estudiando las nubes de los lienzos y bastante más atrás un equipo de no sé qué universidad “descubrió” que el genio de don Shakespeare se explicaba porque en sus pipas se encontraron vestigios de cannabis.

  8. El comment de Don Griyo me recuerda me recueda a los que atribuían al LSD, presente en el centeno, la inspiración del autor del Apocalipsis ya que en Patmos era frecuente el cornezuelo. Nada nuevo bajo el Sol…

  9. Aunque esté al salir la columna de hoy, me permito aclararle al padre Cura la figura de Napo. En La rebelión… orwelliana, al morir el cerdo Gran Mayor -no niego que algo de él inspiró mi nick- los ‘menores’ Napoleón y Snowball se hicieron con el poder de la granja. Napoleón tenía un gran mostacho, por lo que en la guerrita incivil del 36/Spain se le conoció como el tío del Bigote. Al otro cerdo, Bola de Nieve, lo mandó asesinar y el pobre estuvo agonizando con el piolet clavado un tiempo. Intelligenti pauca.

    Al hozador que se pretende menor se le ve el plumerín. Para su tranquilidad le comunico que siguiendo el rito masai suelo defecar tras cada comida. Dedíquele una de mis deposiciones a sus ilustres ancestros.

    Lo de superfigura me sobrepasa. Figurón.

    Esperamos con ansia su próximo concierto de gruñidos. Ya le van quedando poquitos.

  10. Tranqui abuelo, se te ve aburrido cuando fijas tu malaleche con tanta insistencia. De cejas para abajo se te ve hecho un asquito, de cejas para arriba te repites más que un bocata de chorizo, bueeeenas leeeetras. Me parto todavía cuando recuerdo tu ridi al no saber dividir euros entre población, FIGURÓN.
    Te voy a regalar un ábaco chino con bolitas de caquitas de cabra para que aprendas a hacer cuentas, sociólogo científico. Ahora sí que me da la risa, la de la Monalisa, juas, juas, juas.
    Abur percebe.

  11. ¿De qué habla este señor? Si alguien lo sabe, que mo lo aclare, aunque no voy a morir de angustia en caso contrario.

  12. Tranqui abuelo, se te ve aburrido cuando fijas en mí tu malaleche con tanta insistencia. De cejas para abajo se te ve hecho un asquito. De cejas para arriba te repites más que un bocata de chorizo, buenas letras (me parto). Todavía recuerdo tu ridi cuando te liaste al dividir euros entre población. FIGURÓN. Te voy a regalar un ábaco chino con bolitas de caquitas de cabra para que aprendas a contar, sociólogo científico. Ahora sí que me da la risa, Monalisa. Juas, juas, juas.
    Abur, percebe.

  13. ¿Por qué no le recuerdas tu magnífica teoría para la crisis económica aquí a Dª Estrecha? Por cierto, me he quedado de lujo en mi visita mañanera al excusado. Siguiendo tu ejemplo me ha sido de gran ayuda acordarme de tus ancestros. Mil gracias monín.

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