Los sabios están descubriendo en los últimos tiempos la tira de secretos neuronales. Han hallado, por ejemplo, la residencia de la Verdad, con mayúscula, dicen haber localizado aquella otra donde reside la capacidad de creer o no creer en la realidad trascendente, es decir, la fe y la infidencia, llegaron a asegurar que conocían la sede y los mecanismos de un montón de actos humanos, bien volitivos bien reflejos, hasta ahora atribuidos por la razón común a misteriosas inclinaciones relacionadas más bien con el espíritu o como quiera que le llamemos a esa área de la experiencia que no encaja fácilmente en la moldura material. Lo último que han establecido en la Universidad de Nueva York esos cráneos privilegiados es que la condición política de los individuos puede determinarse empíricamente con sólo observar el comportamiento funcional de la ‘corteza anterior cingular’ en la medida en que ésta es la sede neuronal donde tienen lugar los procesos cognitivos de los que depende la toma de decisiones, de tal modo que si la corteza se altera visiblemente cuando el individuo-cobaya es excitado por un supuesto de cambio inesperado no cabrá la menor duda de que le tal sujeto lo es de derechas de toda la vida, mientras que si ocurre lo contrario, quiero decir que si, excitada la cobaya en cuestión,  la corteza permanece relativamente inactiva, entonces, ah, no les quepa duda, ése que tenemos delante es sencillamente un ‘conservata’. No es ningún secreto, por supuesto, que las teorías sobre localizaciones cerebrales –en nombre de las cuales se han cometido atrocidades sin número, casi sin excepción sobre pacientes desdichados– suben y bajan por sí mismas hasta acabar reposando en el seno del descrédito más riguroso, y aunque en modo alguno esté preconizando con esta afirmación el futuro fiasco de este hallazgo neoyorkino, lo que no tengo inconveniente en sostener es que las actitudes del hombre, sus ideas y creencias, sus devociones, proceden sin duda de la propia vida, es decir, son simples productos de la ‘socialización’ y, como tales, valores o deméritos colectivos más que personales. Un francés muy gracioso decía que él amaba las ideas de izquierda pero quería a las personas de derechas, no les digo más.
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 Temo que, en lugar de aproximarnos conceptualmente a una eventual síntesis superadora del rifirrafe entre espíritu y materia, la ciencia ultramoderna, embalada en su carrera meritoria, está consiguiendo, siquiera de modo provisional, alejar posiciones y ahondar diferencias en este pleito clásico. Venir una mañana contándonos que se ha localizado sin error posible el punto exacto del córtex donde radican la verdad y la mentira, pongo por caso, es un ejercicio de irresponsabilidad lógica que cuesta imaginar cómo es aceptado más o menos pasivamente por la comunidad científica, entre otras cosas porque si siempre fuimos tan unánimes para combatir determinismos como el que implicaba la fisionomía bárbara de Lombroso o ciertas teorías psicoanalíticas de la culpa, no veo razón para que aceptemos así como así la idea de que ZP o Rajoy son lo que son ‘a nativitate’ y no por efecto y consecuencia lógica de sus respectivas experiencias privadas, es decir, de sus ‘medios’ vitales. Que hoy día no resulte fácil distinguir el hilo rojo del hilo azul, que cueste diferenciar a un Blair de un Sarkozy, no quiere decir que la paradigmática distinción dual haya perdido su sentido –como pretenden una izquierda tramposa y una derecha suicida– sino que la progresiva nivelación del “medio” no permite descubrirla a primera vista. Quizá por eso sostenía Bernanos (que había vivaqueado en los dos campos) que si bien podía existir una burguesía de derechas y otra de izquierda, pueblo no había más que uno. A los individuos los hace la biología pero a los ciudadanos los conforma la vida, así de sencillo. Comprendan que, por pura discreción, renuncie a seguir con los ejemplos.

22 Comentarios

  1. 11:15
    Arguiñano nos dice cada día que somos lo que comemos, pero la realidad es que somos lo que vivimos, esto es, el individuo, la persona, sólo es el resultado de sus vivencias sumadas a la peculiar estructura de SU cerebro.

    La conciencia, que es lo que nos hace ser de una forma o de otra es la capacidad del hombre más versátil que se pueda imaginar y acomoda en la mayoría de los mortales lo que se bueno o no lo es, así como lo que es o no justo según la propia conveniencia.
    Por supuesto esta cualidad de la conciencia, en los políticos se encuentra desarrollada en grado superlativo.

  2. Los sociólogos como el anfitrión llaman a eso proceso de socialización, y es la más lógicas de todas las teorías del aprendizaje. El experimento de los sabios es en esta ocasión de lo más cutrecillo, porque me da la impresión de que, en ese plan, podría demostrarse casi toda hipótesis imaginable.

  3. Pobre de mí, ignorante y pequeño, tengo que decir, no obstante, que mi amigo ja, nuestro amigo, declara hoy muy sabiamente contra ese materialismo no poco ingenuo que –como acaba de decir don Rogelio– podría servir para un barrido y para un fregao. El materialismo no nos lleva lejos cuando se sale de su matriz natural. Como el esperitualismo nos estanca cuandos e empeña en excluri la razón. Hay zonas de contacto difíciles, incluso imposibles, pero lo conveniente, a mi juicio, es mantener abierta entre ellas un diálogo sin complejos y la necesaria humildad intelectual.

  4. la gente se HACE de derechas o de izquierdas en si vida, en su niñez, en su casa, entrre sus amistades, en la experiencia cotidiana de su comunidad. Lo demás son chorradas y pura ciencia fingida, aunque no dudo de la buena fe (ingenuidad) de quienes investigan.

  5. El dicho del francés (final dle primer párrafo) es genial. Me lo apunto para repetirlo en el casinillo. En lo demás, conforme: no hay quien se crea esa localización en serio. Lo que me extraña es el silencio de los neurofisiólogos ante estos noticiones “a lo Bernat Soria”, quiero decir ante estas publicidades que venden burros mejor que los gitanos.

  6. Hemos leído en el Insti la columna, con grave exposición de nuestras personas en el caso, nada improbable, de que un/a colega oficiosos lo pongan en conocimiento de la vigilante Inspección. Y lo hemos sometido al comentraio de los alumnos (en dos clases distintas) con resultados desalentadores: empiezan por no tener idea de las funciones cerebrales, ignoran todo sobre la actividad neuronal, no tienen ni idea de que es una “función” o de que es “naturaleza” empleados en este sentido. Pero nos alegramos de que la columna mantenga este alto nivel cultural en medio del desierto andaluz y español, donde son pocos quienes le acompañan.

  7. Nota mañanera.
    Muy de acuerdo: no hay determinaciones biológicas de conducta, sino influencas (condicionamientos, incluso determinación) social.

  8. Según un estudio publicado en ‘The Journal of Neuroscience’, (agosto 2007) ”… no está muy claro si las decisiones endógenas de actuar o de controlarse, aquellas que tienen un componente intencional y no están mediadas por un estímulo inmediato, involucran áreas similares del cerebro…” Lo de ‘no está muy claro …y no están mediadas…’ –‘no es cierto que yo no use nunca tacones’, ay, las dobles y triples negaciones- es un recurso que nadie usa más veces y con mayor desparpajo que la literatura médica.

    El PET (emisión de positrones), con la utilización de radionúclidos; la RMN, esa resonancia que le hacen a los ídolos del balompié por cualquier torcedura de nada; el efecto doppler aplicado a la ultrasonografía, más la combinación de esa técnicas, en fin, toda esa terminología diabólica que requiere un actualizado diccionario médico a mano, hace creerse nuevos dioses a los hiperexpertos que se pasan la vida innovando en las últimas tecnologías aplicada al viejo arte de curar e interpretando lo que descubren –o creen descubrir- hasta ponerlo al alcance del común de los mortales.

    Sé que hay galenos que asoman por este blogg y ellos mejor que nadie podrían atestiguar lo que en una simple sesión clínica hospitalaria de rutina se puede liar cuando dos sabios verdaderos ven la misma cuestión de distintos colores. Luego el pueblo se mosquea cuando se le dice desde el mismo púlpito que lo blanco era negro o al menos de un gris tamizado y cambiante.

    Cualquiera conoce también a algún cátedro o a algún figura notorio que alguna vez vendió su reputación por un plato de lentejas (léase la beca del hijo en el John Hopkins o una quincena en los fiordos o un buen coche alemán).

    Seamos muy cautos y tentémonos la ropa un par de veces antes de dar por dogma de fe lo que cuenta el Lancet o el JAMA, porque detrás de la firma de un Nobel o de un prestigioso equipo de investigación, puede estar un negocio de tecnología de ultimísima generación cuyo principal accionista, previo un enredijo de sociedades interpuestas, puede ser un tipo de origen dudoso que controla todo una inmensa cadena de hipermercados, cuando no una gloriosa transnacional de obras públicas o una amplia red de distribución de nieve.

  9. Toda la razón y más si cabe lleva miss Chotacabras, cuya altura científica ya nos es conocida de sobra, pero que hoy se luce, por cierto en la línea de la columna, ironizando copn gracia sobre los supeexpertos y sus juegos de laboratorio. Es posible que nada se pierda en la investigación pero seguro que sería más provechoso un cierto orden coordinado entrre nuestros sabios, como suele llamarlos al titular.

  10. 19:06
    No, querida@ Vistillas. El materialismo es infinitamente complicado.

    No sé quién dijo: “Si el cerebro fuera tan simple como para entenderlo, seríamos nosotros tan simples que no lo entenderíamos”

  11. Mi estimadísimo señor Griyo, temo que ha sido severo en exceso con Vistillas, en la medida en que puede interpretarse, y así lo hago yo mismo, que no hace una descalificación de materialismo tanto como un aviso a los navegantes que pueden caer, en aquel terreno, en la misma trampa dialéctica que acecha en el médano espiritualista. No hay realidades simples, sencillamente; nada lo es bajo el Cielo (ni en él) ni sobre la Tierra. Pero es verdad que el materialismo, en cuyas fuentes tanto bebí y sigo bebiendo a ciertos efectos y en cierta medida, se pasó veinte pueblos, como dice mi hija, no sólo en tiempos recientes sino en toidos los tiempos. Aunque ciertamente se pueda respetar más a los filósofos griegos de esa tendencia que a los contemporáneos (del XIX hasta hoy), no olvidemos el respeto que igualmente merece la reflexión antípoda, el espiritualismo en cualquiera de sus concepciones. Lo malo es el exceso: en todo. Y creo que a eso se refería el zarpazo de Vistillas.

  12. Tampoco yo confío demasiado en estas “localizaciones” y encuentro que llevan razón quienes aducen que la ciencia de hoy juega en exceso a esos entretenimientos, pero tengo para mí que, en buena medida, en efecto, de todas estas aventuras de laboratorio es poco lo que, a la larga se confirma y resulta útil, pero también poco lo que no acaba aportando algo. Muchos aciertos provienen de experiencias dirigidas en sentidos muy diferentes y, probablemente, el conocimiento del cerebro no sería hoy un asunto tan prioritario si no fuera por estos atractivos experimentos que engolosinan a los científicos y también, todo debe decirse, a quienes admibistran con cuentagotas el dinero para la investigación.

  13. Alguien me invoca y acudo, como el padre de Hamlet, pero sin ahuecar mi voz, para mostrar mi acuerdo tanto con el ponente don ja, como con la mayoría de las comentas hoy depositadas en este blog de amigos.
    Está bien prevenirnos frente a la credulidad, pero no ceguemos el camino a la imaginación. Con aquella vamos a la ruina, de ésta dependemos en medida mucho mayor de lo que solemos creer.

  14. No creo en la mayoría de lo que nos cuentan los científicos, aunque confieso que su comentario frecuente por parte de jagm es de lo que más me seduce de esta columna singularísima. Con unos compañeros de universidad he discutido más de una vez sobre el interés e inclusi la conveniencia o inconveniencia de que el jefe trate –tan respetuosa y dignamente, como él suele– estos temas que, en teoría, está reservados para el gremio. Siempre en esos casos me apunté a defender lo que me parece un esfuerzo inteligente y generoso (hay temas muchos más fáciles al alcance de una pluma tan fácil como la suya) en beneficio de todos. Un esfuerzo que seguramente no está pagado, como suele decirse…

  15. No me digan que no hay días en que los sabios estarían mejor acostados que dando el mitin por ahí y lanzando al mundo más confusión que luces. Los Bernard Soria venden lo inexistente, el género que aún no llegó ni se sabe cuánto tardará en llegar a la barraca del buhonero, y demasiada gente se lo traga. Bien pues a mí es no me parece algo venial sino un grave pecado de irresponsabilidad al tratarse de personajes en los que la opinión, la gente, deposita inevitablemente su confianza ciega.

  16. Gran y divertida columna. Más de uan evz charlé con ja sobre estas materias y siempre nos divertimos mucho. Hoy lo ha logrado también, al menos conmigo.

  17. Otra columna para recortar y proponer en clase a nuestra desinteresada “basca”, jefe, y que le vaya dando a la Inspección que no ve con buenos ojos que se usen sus reflexiones en clase, como alguien ha dicho ya con razón. La superstición científicista es un error simétrico del escepticismo ignorante. Recuerdo una del jefe en que contaba que su portero y su cuñada no creían que el hombre hubiera llegado a la Luna, cosa que luego, como es sabido, ha acabado calando en la cultureta ésta de medio pelo esotérico que nos invade por los cuatro puntos cardinales. Bueno, pues eso es tan estúpido (con perdón de la cuñada especialmente) como tragarse todo lo que Science o NG o The Lancet o quien sea nos endilgue cada mañana.

  18. Se han dicho hoy muchas cosas interesantes aquí, lo que prueba que este blog no se entretiene con mandangas sino con cuestiones graves y de fondo que son apreciadas y suscitan la natural reacción de los lectores. No estoy muy seguro de cómo se las arregla nuestro amigo (y eso que lo es mío desde hace mucho) para buscar ¡y encontrar! cada mañana un tema apasionante o por lo menos de gran interés. Porque está feo comparar, que ni si no…

  19. 23:48
    No entiendo muy bien la amable recriminación de nuestro Sr. Filósofo, ya que yo sólo defiendo la coherencia de mi opción personal. Tampoco me parece un zarpazo el comentario del Sr@. Vistillas que a su vez expone la suya, aunque lo haga de una forma brusca por lo escueta.

    Nuestro Prof. Pone el dedo en la llaga cuando dice “y también, todo debe decirse, a quienes administran con cuentagotas el dinero para la investigación.
    Esto me hace recordar a un astrónomo que me decía que esas fotos tan bonitas que publican los observatorios a ellos no les sirven para nada pero que son imprescindibles para convencer a los que tienen que autorizar los fondos.

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