Hablo con Roberto Macías, el trabajador de la UGT de Andalucía que denunció los mangazos internos actualmente investigados por la Justicia. Por hacerlo, ahora que tanto se proclama la necesidad –¡y la intención!–  de proteger jurídicamente, tal como ya dispone una directiva de la Unión Europea, a quien alerte sobre las corrupciones, a Roberto le han caído dos años de cárcel y las costas del proceso mientras los presuntos andan tan pichis aunque “sub iudice”. ¿Regeneración? ¡Y un cuerno! Aquí sigue vigente la tan repetida sentencia que Valle-Inclán puso en boca del bandido Tito el baldado: “En España se puede robar un monte pero no se puede robar un pan”. Tampoco se puede, por lo visto, desvelar el secreto criminal. En la era de Assange y Snowdon, la verdad es que Roberto se jugaba la vida. Y la perdió.

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