Un senador perteneciente al ala izquierda del PSF, Jean-Luc Mélenchon, se ha encargado de poner la nota disidente en medio del coro de lamentaciones por la muerte de Soljenitsyne, al que ha calificado de derechón, mimado de Occidente, tradicionalista y profeudal, homófobo, antisemita y no sé qué más. No vamos de dejarlo en paz ni después de muerto. Recuerdo mi primera lectura parisina del “sospechoso” (“Un día en la vida de Iván Denissovicht”, allá por los primeros 60, en pleno deshielo de Krustchov) que nos dejó empinadas las orejas por su tremenda denuncia de la represión soviética stalinista, y mucho más tarde, ya al filo de los 70, la noticia del Nobel que acabó por convencer  a la progresía de la realidad de una defección de la que no logró sacarnos poco después al lectura del “Archipiélago Goulag”, a pesar de su conmovedora narración. Un día, en casa de Arnoldo Liberman, me dijo Artur London si salirse de su bondadosa naturalidad: “Bueno, pero si tan claro tienes que este hombre es un traidor, ¿por qué te fías de mí?”. Siento todavía la turbación que me produjo la mirada clara London, la sonrisa socarrona de Lise, su mujer, y la violencia de aquella trampa moral, tan merecida, tan justa, que me tendía aquel otro superviviente de una locura que la propaganda nos impedía discernir. Realmente hemos pagado cara nuestra buena fe aunque me parece que no se trata tanto ahora de flagelarnos por los viejos errores como de compadecernos a un tiempo de todas las víctimas, incluyéndonos nosotros mismos. Vean, sin embargo, como el peso de la conciencia impuesta (estoy hablando de Cultura, no confundir) tiene largo recorrido y ni siquiera la evidencia y hasta la universalización de la crítica bastan para desmontar sus tinglados ideológicos. Buen momento, la muerte de Soljenitsyne para reconocer que han hecho con nosotros, generacionalmente, lo que han querido, pero también para decir alto y claro que nadie nos puso una pistola en la cabeza. Seguro que él lo comprendería.

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Cada generación responde a su mitologema, se mueve dentro de él respetando sus límites, fiel a su dogmática y, en ese sentido, no me parece justo que el juicio sobre las generaciones se haga en vacío, sin tener en cuenta este condicionante radical que casi equivale a una ‘determinación’. Soljenitsyne fue para nosotros –hablo de la izquierda generacional, del progresismo en términos generales– el símbolo de la defección a pesar de los muchos indicios de honestidad que nos fue dando, de modo parecido a como Pasternak nos había confundido favorablemente con su equívoca renuncia al Nobel doce años antes, o como Evtuchenko nos había desconcertado con sus versos blancos. Con la locura de Vietnam encima y la Guerra Fría martilleándonos a golpe de ‘007’, es posible que no quedara al radicalismo juvenil otra opción moral que ésta de cerrar filas y, lo que  es peor, de cerrar los ojos. Al fin y al cabo, un tipo como Aragón había sostenido no hacía tanto que el saber biológico debía someterse a la ortodoxia política y no éramos nosotros nadie para enmendarle la plana a él o al propio Sartre que en “Situations”, sobre todo en la ‘Teoría del militante’,  nos había dado un catecismo seguro. Vivimos aquel tiempo atrapados por nuestra libertad, en cierto modo esclavos de un sentido del deber hoy seguramente ininteligible para las nuevas cohortes que con su apoliticismo están poniendo en peligro –ellos sí que sí—su libertad esta vez auténtica. Pero nunca es tarde. Hoy, tras nuevas lecturas del ‘Goulag’ y del viejo Denissovitch, lejana ya la amable censura de London, me siento incómodo ante la paliza del senador francés que, en tiempos, seguro que se me habría quedado corta. No hay como vivir para comprender. Y para entender que nunca es tarde para aceptar el error y restituir el juicio. El difunto me habría comprendido, ya digo. Este ‘incorruptible’ del PSF, me temo que no.

8 Comentarios

  1. Emocionada, muy emocionada leo su reflexión.Quizás barrunte usted porqué, quizás no, pero no importa. Gracias por ella.
    (Mucho antes de Soljenitsyne ya trataron otros de denunciar lo que habían vivido y visto, pero nadie los creyó, .)
    Besos a todos

  2. Cuentan que, cuando se bautizó el rey franco Clovis, el arzobispo Remí le dio el mandato bien conocido: “Adora lo que quemaste, y quema lo que adoraste”. Dos siglos antes se contaba algo parecido de Constantino, también convencido de la ayuda del Dios cristiano en una batalla dudosa. Gente grande de corazón -leyenda aparte- como lo es todo aquel que es capaz de reconocer abiertamente que no había estado anteriormente muy acertado (no diría yo, con todo que totalmente desacertado: estoy convencido que si en Europa del oeste hubo estado de bienestar se debió al hecho de encontrarse entre los dos bloques, lo que le permitía ser rosa en lugar de roja o blanca, pero ese es otro tema). Alabo pues la grandeza de ánimo de José Antonio al plantear así el tema. Todos, más o menos, hemos tenido que cambiar de opinión a lo largo de nuestra vida, ya un poco vencida, pero normalmente no lo decimos de forma tan clara. Mi respeto, pues.

  3. Gracias, ja. No todos nos sentimos tan libres. Recuerdo la anécdota de London, aquel buen hombre a quien tanto quisimos. ¡Tantas cosas! Tu reflexión me ha tocado. Creo que se me nota.

  4. Rectificar es de sabio. El refrán se queda corto si lo comparo con mucho de lo que he leído estos días sobre ese gran rebelde. Está usted no poco solo, como muchos de nosotros, como muchos de ellos…

  5. Y algunos presumen diciendo: ‘Es el mundo el que se ha movido a mi alrededor. Yo estoy donde mismo’. No sé dónde leí la frase, pero no voy a recurrir a google. Venía a decir aquello de que ‘quien no puede pensar es un idiota; quien no se atreve a pensar es un cobarde y quien no quiere pensar es un fanático’. Tal vez sea esto lo que ha llevado a Julio Anguita, no hace mucho, a enfrentarse a -¿es un partido?, ¿es una coalición?, ¿es un abrevadero?- quienes están al frente de lo que aún se atreve a llamarse izquierda. Me imagino que el tal monsieur del PSF ha renunciado a pensar. Pero si hasta la iglesia católica, apostólica y romana ha aprendido dónde está la marcha atrás…

    El Anfitrión lo clava: Vivir es comprender. Aquello de que quien a los veinte no es valiente, a los treinta no es prudente y a los cuarenta. A los cuarenta dicen que cada una tenemos el rostro que nos hemos merecido. Como a los cincuenta y a los sesenta. Ay, esos adolescentes con más de veinte trienios en el deeneí. Anclados en sus devociones fósiles, en su ideología acartonada pero no quebradiza. O lo que es peor, enganchados a unas ideas -juas, juas, que me troncho- de las que llevan tantos años viviendo.

    No sé por qué se me viene a la cabeza un mocito cejibicircunflejo que a los veintitantos se acostumbró a vivir del momio, culiparlante durante tantísimos años sin saber lo que es dar un palo al agua y ahora, ya casi con cincuenta nos quiere vender una burra que está embalsamada hace ya la tira de años. Cuando le proponen reducir el gasto público, él lo confunde con gasto social. No, hijo, no. El gasto social no se toca. Ni un euro menos para sanidad, escuela, pensiones o similares. Sí se podría ahorrar en asesores, cargos de confianza, viajecitos, gobiernillos de todo a cien, televisiones agitprop, chupasueldos, derramas a sindicatos en desuso, a empresarios sin empresas, a partidos con miles de calientasillas… Hay mucho euro quemado con pólvora del rey (huy, se m’hascapao), mucho dinero en suntuarios y protocolos. Y una legión de incompetentes agarrados a la gran ubre que si de pronto echaran a volar, ocultarían este sol de justicia que nos achicharra.

    – Ave María Purísima. Padre me acuso que hace muchos años que he dejado de creer en Dios.
    -Toma, igual que yo, hijo mío. Pero no me veo con ánimos de buscar otro trabajo a la edad que ya uno tiene.

  6. En tus años mozos te hubieran cricificado por decir esto. Quizá tú mismo huubieras crificado, me da a mí. Yo también, desde luego. Hay pocas tanb amargas, querido jagm, como la honrada y amarga verdad que no habíamos previsto. ¡Lástima de generación! Gracias Dios por ella, sin embargo.

  7. Rectificar es de sabios, pero rectificar a esos niveles en que se ha movido nuestro amigo y anfitrión, mucho más, por la sencilla razón de que tendrá muchos más ojos y más oídos abiertos de par en par vigilando y vigilando. ESpaña, patria de inquisidores. Encontrar a alguien que defienda sus ideas hasta el extremo de supeditarlas a su libertad es tonificante.

  8. Ay, no me toques la fibra sensible, caro amigo, no nos pongas ante el espejo. Pero ya que nos pones, gracias por tu bragada sinceridad. Sabes que coincidimos incluso muchos que no lo airean (aireamos). ¡La vida, que es así de puta!

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