No es propio de Huelva lo que en esta tierra está ocurriendo de un tiempo a esta parte en el apartado del rechazo racista a minorías o personas. Tras lo de Cortesana, ahí tienen ahora el enredo del Instituto de Isla Cristina donde está siendo presuntamente acosado un alumno marroquí en términos que la autoridad ha creído conveniente enviar a sus cercanías un notable control policial, es decir, un nuevo caso de racismo o xenofobia que, aparte de las providencias policiales, bien merece que la autoridad educativa –estos días tan pre-ocupada por otros enredos—entre hasta el fondo en él sancionando a los eventuales culpables, chicos o grandes, altos o bajos, docentes o discentes. Si se confirma que ni siquiera la expulsión de los acosadores resulta suficiente para garantizar los derechos de ese ciudadano, estaríamos ante la necesidad imperiosa de adoptar medidas de fondo sin templar gaitas ni tentarse la ropa.

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