La labor y responsabilidad de los jueces merecen siempre un respeto, por más que salte de ven en cuando uno aquí o allá como empeñado en desencantarnos. El caso del magistrado de Granada que se ha negado a soltar de una vez al preso más antiguo de España, después de indultado por el Gobierno, es de los que le dejan a uno desconcertado, sobre todo cuando se entera de que el motivo de la negativa del juez es que la sentencia aportada por la familia era una fotocopia y no el original, o de que la dirección penitenciaria no estima ni urgente ni inaplazable (casi nada lo es en esta vida) su petición de un permiso para pasar la Navidad en familia. Con lo que estamos viendo en España…, este asunto parece mentira.

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