General desconcierto ha provocado la iniciativa de la Junta de indemnizar, a estas alturas, a las mujeres humilladas por el fascismo durante la guerra civil y la postguerra. Primero porque pocas de ellas deben de quedar setenta años después, segundo porque resulta ya ridículo este remover insistente de la tragedia que se enmascara tras unos proyectos reparadores que comenzaron nada menos que a mediados de los años 70 (en 1976 concretamente). 30 años no han bastado a estos memoriosos de un solo bando para dar con la tecla reparadora, quizá porque no es ése su principal objetivo.

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