Al comentario que hacíamos ayer sobre el disparate de la pelea sindical en el Polo onubense, hay que añadir la leña que ha echado a esa fogata el incombustible Valderas, capaz de llamar a sus adversarios de UGT–cierto que con dudosa propiedad léxica y teológica—“querubines” y “asexuados sindicales” (sic). Un conflicto que no precisa más divergencias sino acercamientos, se agria así hasta el extremo de aludir a la condición religiosa del líder rival, algo desde luego tan intolerable como si a Valderas se le tratasen de colgar conexiones nunca desmentidas con el sovietismo. Así no irán a ninguna parte. Lo único bueno de la pelea es que permitirá a los trabajadores conocer sin ambages a sus presuntos representantes.

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