Chaves va a llevar razón, por una vez, proponiendo que en la corrupción pululan piquetes de “cuatro golfos”. De cuatro y de cuatrocientos, como muestra esa fotografía ideal de los dos piquetes que el día de la huelga general se pusieron ciegos en un restaurante granadino y se fueron sin pagar dejando esta nota: “Simpatizamos con su negocio, pero más con la huelga general”. ¡Toma, así cualquiera! Pero el caso no debe reducirse a anécdota porque apunta –como el de esos otros golfos que cobraban a los necesitados los productos del Banco de Alimentos—a la confirmación de que las corrupciones se han generalizado de arriba abajo. El pescado se pudrirá por la cabeza pero acaba corrompido hasta la cola.

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