Hay en la Giudecca veneciana, nada más pasar el prodigio paladiano del Redentore, un mínimo casinillo comunista que llama la atención del viadante –por lo común embebido en la contemplación de ese otro Canaletto que es el Zattere– por medio de un escaparate diminuto en el que, bajo una fotografía de Gramsci decorosamente enmarcada, se apilan discursos y doctrinas del “príncipe” Berlinguer y de otros capos del pasado perdido. Dentro del casinillo maduran su nostalgia grupos de fieles que, pensando en glorias pretéritas, no pierden del todo la esperanza del renacer de una izquierda radical, pero que, en realidad, lo que hacen es sublimar en sus porfías y ahogar en el buen vino del país su asombrosa impaciencia. Pero no es sólo en Italia donde aún se revuelve y maneja la vieja teoría, pues leo en el New York Times de antier que, en plena West Street, funciona un local de encuentro en el que un puñado de radicales y revolucionarios se afana sobre los textos marxistas y, muy en especial, sobre los de Gramsci, cuya teoría de la estrategia revolucionaria y el bloque histórico les da para pasar buenos ratos antes de echar mano cada cual de su juego y entretenerse un rato, como para relajar la meninge, jugando al futbolín o al pimpón, aparte de competir sobre el tablero de cierto Monopoly reformado al que han dado en llamar nada menos que la “Lucha de Clases”. La esperanza es lo último que se pierde y si bien es verdad que no acabo de dar crédito a los colegas universitarios que me hablan del revival marxista que se vive en no pocos centros de estudio, también lo es que no es cosa de tragarse la pamplina del “fin de la Historia”. Los que hemos conocido épocas en las que el monopolio del ideario radical fue un hecho indiscutible, nos resistimos a ver en el auge actual del liberalismo y la desideologización cualquier cosa que no sea otra etapa eventual y, como tal, superable.

 

A veces me pregunto, por ejemplo, cómo se ha podido colar masivamente esa soflama de que el liberalismo es un prerrequisito del crecimiento teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en China, o cómo sostener que la función del nuevo liberalismo no es otra que la de garantizar la viabilidad del sistema de producción capitalista, teniendo en cuenta que eso es precisamente lo que está haciendo –y más que nunca desde que la crisis dijo aquí estoy yo—la llamada “izquierda posible”. He visto a esos hombres que en la Giudecca mantienen viva la llama sagrada y me ha parecido penetrar en sus rostros pacientes, en sus gestos tranquilos, la antigua confianza del radical, de ese colectivista que “no tenía prisa”, tan seguro estaba de que lo que hoy es negro puede ser blanco mañana.

3 Comentarios

  1. Veo que gm no solo va al Harry’s Bar sino nque se junta también con los rojos supervivientes de Venecia. Eso se llama estar abierto, en le mejor de los casos. o estar al caldo y a las tajadas, en el peor. Pero me ha gustado mucho la columna, como tantas otras suyas.

  2. Curioso lo de Nueva York, y prueba de que en el país del macartismo y el “Tea Party” hay mucho margen de libertades. No sé si se podría decir otro tanto de los países totalitarios, o mejor dicho, sí lo sé: NO.

  3. Me interesa esa actitud de jagm que consiste en no perder la esperanza de que el pensamiento único sea reelvado por otros. Casi no hay mo¡vimiento ideológico en la Historia que se extinga por completo cuando cae del pedestal. Con el marxismo hemos de ver todavía, probablemente, muchas cosas interesantes.

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