No se me arremolinen, oigan, que no soy yo la fuente de este título no poco paradójico, sino un asistente vaticano de primer orden, el profesor Stefano Zamagni, de la universidad de Bolonia y de la John Hopkins, hombre de confianza de los dos últimos pontífices y pluma decisiva, según dicen, de la encíclica “Caritas et veritate” en la que Benedicto XVI, como ya había hecho su antecesor, no dejaba de censurar los abusos del capitalismo. Zamagni asiste también con su consejo a Romano Prodi, así que hace a pelo y a pluma doctrinales, y se ha plantado en la Universidad de Loyola para decir alto y claro que el papa anda diseñando una reforma profunda de la Curia y de la Santa Sede, de paso que ha pontificado (Zamagni) sobre la inevitabilidad de un capitalismo “necesario para la gente” que él, en plan Duguesclin, ni condena ni defiende. Sostiene el sabio –como ya hiciera hace decenios Sorokin—que las revoluciones valen para destruir pero no para construir, y propone una defensa de Carlos Marx al que dice que “la crisis le ha dado la razón”, para añadir que el marxismo es un “diagnóstico acertado, pero una terapia errada”, aparte de sugerir que Marx no perseguía ninguna revolución sino que fue Lenin quien, traicionándole, la impuso por las bravas. “Tú lees la encíclica “Rerum Novarum” y lees “El Capital”, quitándoles el título, y no sabes distinguir quien es uno y quien es otro” (sic), sostiene, ya embalado, no sin añadir que aquella es mucho más fuerte que “El Capital” porque sostiene que “la explotación es un pecado contra Dios”. Uff, que mal rato. Hay gente capaces de hacerte sentir nostalgia de los Althusser y los Lukács a base de añadirle sifón a una doctrina que anda, por el momento, hibernada, quién sabe si en espera de mejor coyuntura. Yo que el papa Francisco me ataba los machos.

 

Proliferan estas banalizaciones de ese “corpus” doctrinal que, disperso entre la economía, la sociología, la antropología o la historia, puede decirse que dinamizó el pensamiento durante casi todo el siglo pasado y aún sigue latente hoy bajo el alud de los convencionalismos. Lo que no podía imaginarme es que los banalizadores llegaran hasta la cámara papal y anduvieran por ella como Pedro por su casa (nunca mejor dicho). ¡Hombre, se agradece una voz que reclame atención ante esta merienda de blancos, pero se agradecería en ella un tono más discreto y repensado! Tirar por la trocha más a mano no suele llevarnos casi nunca a buen puerto.

9 Comentarios

  1. Ole. Buen mandoble. ¿Será verdad que son tan tontos en el Vaticano? Esperemos que Francisco, que es listo como buen argentino, ponga pie en pared.

  2. Uff. Uno llegó tan solo a la lectura superficial del catecismo de Politzer y a sudar con folios ciclostilados en lo que hoy sería una aproximación a El rincón del Vago. Una nebulosa con aquello de que la historia era entendida como un proceso constante de cambio y desarrollo, en el que la economía era la base sobre la que se asentaban las sociedades.

    Hoy la economía es la que es, el neoproletariado se llama submileurista y la alta burguesía son esa crème que parte todos los bacalaos.

    Si el tal Zamagni es tildado por mi don JA de banalizador, un servidor lo cree a pie juntillas que para eso lo eligió como guía. Información vs. conocimiento. He aquí para mí la clave. Hay demasiado chorlito suelto.

  3. ¡De lo más divertido que llevamos leído en estos meses! Do ja no se ha dejado embaucar como su periódico, que ya podía haber husmeado algo para saber quién es de verdad ese «asistente» pontificio. Aunque no extrañaría demasiado que no sea un impostor, dadas las circunstancias…

  4. Uno ya no levanta el puño, para no parecerse a la Pajín o a los «zapateritos», pero guarda gran respeto por una obra colectiva que el tiempo volverá, no tengo la menor duda, a reponer en el sitio que le corresponde. Imagino que gm es (fue) uno de aquellos jóvenes abducidos por la mitomanía de los 60/70, y no tengo duda de que conoce bien de lo que habla. ¡Felices los más jóvenes (¿Don Epi quizás?) que limitaron su esfuerzo a los manuales! Pero eso no quiere decir que los que nos dejamos la vista en lo que va de Marx a Engels debamos lamentarlo. Cada época tiene sus fuentes y a nosotros nos tocó ésta que, depurada de sus excentricidades políticas, tuvo y sigue teniendo un notable valor.

  5. Me apunto a esta crítica razonable, solvente, culta. No conozco al personaje pero dudo que tenga esas funciones y, sobre todo, que las vaya a seguir teniendo después de estas exhibiciones. Lo de la comparación de la encíclica y la «otra Biblia», divertido. Ésa no se le podía escapar a don ja y no se le ha escapado.

  6. Una columna oportuna para dispar estupores entre los que leímos la entrevista a ese personaje. ¿Será verdad que su posición en el Vaticano es ésa? Estoy con el autor en que ya puede Francisco amarrarse los machos.

  7. Quiero recordar que al papa Roncalli le llamaban los italianos ‘il Papa pacioccone’, como tranquilote, osea. Desde el cariño con que lo recuerdo, me atrevería a traducirlo por ‘huevón’.

    Después resultó que organizó el pandemonium del Vaticano Segundo, metiéndole por salva sea la parte, un supositorio cual pila alcalina que escoció a parte de la curia.

    Quiero creer, quiero esperar que este Papa Paco, con sus zapatones de hombre sencillo no se dejará embaucar por estos eruditos a la violeta, marxianos o majagranzas. Para mi escasa fe ya me vendría bien.

    P.S. Mi muy apreciado don Roge: gracias por el cumplido de imaginarme joven. Ya mismo pillo un cero como segundo dígito y no será un seis el que le preceda, que ese ya hace años que lo luzco. Si yo hablaba de hojas ciclostiladas era por referirme a las vietnamitas, aquellas precursoras de una larga y provechosa familia de impresoras subversivas, de las que luego formaron parte sus hijas: las multicopistas. Por algún sitio debo tener aún la fórmula de los componentes de la más elemental, la gelatina con pez rubia y demás.

  8. Este tío (Zamagni) parece un poco cuentista o, como poco, ligerito de palabra. No se le ocurre a nadie la comparación de la encíclica y El Capital sin no es un atrevido o alguien que a lo peor no ha leída El Capital. ¡Ni la encíclica!

  9. Muy bien por esa salida al paso: no se puede consentir tanta tontería suelta por el mundo , encima, pontificando. Claro que descubrir algún género de similitud entre los contenidos evangélicos y los marxistas no es nada difícil, sobre todo si lo que tiene en las manos son los Hechos de los Apóstoles. Me alegro mucho, repito, de este corte en seco. ¿En qué estarían pensando en tu periódico cuando le dieron tanta cancha al señor Zamagni? Salud.

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