No todos los mártires cristianos mueren en el circo devorado por fieras hambrientas ni en la ergástula torturados por torvos sayones. Los hay también hoy día que caen en los “pogromos” provocados por los hindúes o en las persecuciones desatadas por el terror islamista. En la martirizada ciudad de Homs, en la Siria rebelde, acaban de asesinar a palos y rematar con un par de tiros en la cabeza a un jesuita excepcional, el padre Francis, que se había negado a abandonar el país, para no abandonar a su parroquia, unas doscientas familias cristianas que resisten el doble asedio de la mayoría suní y de la rama alauita del Islam aliada del régimen terrorista del el Asad. No se sabe pues quien fue el verdugo ni si pertenecía al bando progubernamental o a la coalición rebelde y el Vaticano, por su parte, regido hoy por un jesuita, se ha apresurado a declarar su “orgullo y gratitud” por ese pastor fiel a su rebaño que ha abatido el lobo anónimo. El mártir era famoso, además de por su fidelidad, por sus esfuerzos constantes por aliviar la situación crítica que viven sus comunidades –“Estamos hambrientos” escribía lacónicamente en Facebook hace pocos días–, no muy diferentes de la que padecen hoy muchos hermanos suyos en un puñado de países atrapados en la espiral enloquecida del odio religioso. Francis Van der Lugt debería subir a los altares, en buena lógica, en un tiempo récord, hoy por hoy reservado a espíritus más convencionales e influyentes. Ustedes me entienden.

Hace unos meses, el padre Francis declaraba a una agencia que la razón de su resistencia consistía en que él era el único sacerdote y el único extranjero que no había escapado de Homs, aunque él –decía—no se consideraba un extranjero sino “un árabe entre los árabes”, un solitario y un abandonado más entre tantos como soportan la bárbara agresión ante la más que relativa indiferencia de eso que llamamos Occidente. ¿Habrá en este caso una beatificación-exprés como otras que yo me sé y nos sabemos casi todos, o se enredará la causa del nuevo mártir en las redes burocráticas de un Vaticano que, ciertamente, está experimentando cambios profundos? Doctores tiene la Iglesia, seguro, pero no dudo de que muchos cristianos actuales verían en ese reconocimiento un homenaje extensivo a los cientos de mártires ante los que el famoso “orden internacional” se muestra inexplicablemente inactivo. Gente buena como ese mártir santo no debería precisar siquiera de un postulador.

5 Comentarios

  1. Una vez más este Hombre nos devuelve al territorio indeciso de la última adolescencia.

    Blaise Meredith esbozó una sonrisa fría cuando prometió al cirujano que traduciría al italiano su informe del cáncer que le condenaba a muerte.
    «–Admiro su valor, monseñor. No comparto la fe católica, ni ninguna otra a decir verdad, pero supongo que usted encontrará en ella un gran consuelo en momentos como éste».
    (Morris West, «El abogado del diablo»)

  2. La Leyenda Áurea no tiene fin. Estos mártires hodiernos son un escándalo en un mundo que se presume solidario y partidario de mantener los derechos humanos en todas partes. Hoy son demasiadas las comunidades cristianas perseguidas de muerte en Asia y en África. Pienso a veces que la Iglesia no hunde apuntalada por el carisma de esas víctimas.

  3. Yo creía que, al menos en Europa y en España particularmente, estas persecuciones serían objeto de especial atención por parte de los medios, pero veo que no tanto. El martiriologio no tiene edad no por lo que se ve tampoco tiene fecha de caducidad, y lo digo con el respeto que un agnóstico debe emplear por dignidad.

  4. Hoy don ja tiene un nuevo duelo encima: la muerte de un amigo. Un ruego al autor: haga subir a la página el bello escrito que le ha dedicado y que a mí me ha resultado conmovedor.

  5. Esta mañana he visto a jagm, en efecto, en el funeral de su amigo –Luis Olivencia, hijo del profesor Manuel Olivencia– y puedo asegurarles que lo vi desconsolado. Yo también quisiera conocer ese texto de que se ha hablado anteriormente, porque sospecho que hablamos de lo mismo. En todo caso, mi sentimiento más respetuoso para jagm.

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