La tanqueta que el ministro Marlaska ha enviado a Puerto Real contra los trabajadores en huelga va a dar más tema a los letristas de Carnaval que Paquirrín y Rociíto juntos. En Barcelona, la leyenda de los tanques apisonando la Diagonal se quedó siempre en eso, en leyenda, como en leyenda se quedó también, a Dios gracia, la de los tanques en Lequeitio. Asesinar a un batallón de criaturas o proclamar por las bravas la independencia republicana de una región española, no mereció nunca esa providencia tan grave con la que, sin embargo, el sanchismo no ha dudado en amenazar a unos obreros desesperados que defienden su puesto de trabajo. El ministro dirá que la caridad bien ordenada empieza por uno mismo. Seguro.

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