Aquí todo el mundo es municipalista hasta que deja de serlo. La Junta, mismamente, es más municipalista que nadie pero no cede competencias ni a tiros a los Ayuntamientos y menos aún les reparte dinero. Ahora acaba de aprobar dos anteproyectos de ley que deberán atravesar el desierto parlamentario antes de dar sus frutos, lo cual la ha llevado a dar marcha atrás en el pacto unánime alcanzado hace poco para que la ayuda se produjera desde el 1 de enero del 2010. Los pactos son papel mojado cuando se trata de soltar la pasta, supremo instrumento de la Junta para pastorear a los municipios dividiéndolos en fieles e infieles. Todo seguirá igual, o sea, manga por hombro, mientras la Junta premia y castiga según sus intereses partidarios.

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