Arrecia el revuelo en torno a la “tercera fase” de la ‘Operación Malaya’, se repasa la lista de trincados, se especula por libre (y, en ocasiones, con temeridad) sobre las conexiones restantes, en especial sobre las presuntas que pudieran descubrirse en el ámbito político. Y se eleva sobre el clamor una nota disidente y clara: ¿qué es de la Junta de Andalucía, qué papel –pasivo, activo o mixto– le ha correspondido en este montaje descomunal, por qué se inhibió de hecho durante tantos años, a qué obedecieron sus aproximaciones al propio Gil o su ceguera y dontancredismo mientras esas mafias actuaban a plena luz del sol? El saqueo de Marbella es, ante todo, un cataclismo político del que no podrá salir indemne una Junta que presume de cortar, por un quítame allá esas pajas e incluso en casos muy dudosos, los planes de los ayuntamientos electoralmente rivales. Pero la gente piensa cosas incluso peores y es imprescindible que se despejen tales dudas. En Marbella se ha hecho lo que se ha permitido desde Sevilla. Vamos a ver si la Justicia es capaz de ponerle el cascabel a ese gato. 

1 Comentario

  1. El papel de la Junta se está viendo ahora. Hay que preguntarse cñomo fue posible que no se viera antes. De todas maneras, ahí está la telebasura para distraer al personal con las maites y los pantojos. Mientras dure ese festival en sesión continua nadie se fijará en la Junta.

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