Se hace lenguas la “pomada” chismorreando sobre el brete en que se halla el Príncipe de Asturias ante el nuevo embarazo de su esposa. Cuentan que ellos, los príncipes, preferirían ignorar el sexo del “nasciturus” pero que, por sentido del deber, consultarán al Gobierno antes de decidir, conscientes de que el dato no es irrelevante como pretenden hacernos creer los desdramatizadores profesionales. Estamos, como ven, en pleno romanticismo, porque romanticismo son la pasión nacionalista, la obsesión por la esbeltez o los seriales sentimentales, entre otros muchos rasgos que caracterizan nuestra actual sociedad, pero también por esta discusión sobre el derecho sucesorio y la monserga sálica de la preferencia del varón sobre la hembra a la hora de reinar, que todo el mundo dice que hay que enfrentar de una vez pero que nadie se atreve a resolver. Curioso: en un país gobernado por un ejecutivo paritario, en el que, según anuncia su presidente, pronto habrá más mujeres que hombres, la sucesión al trono sigue en el tejado de Calomarde y la propia Corona no sabe qué hacer con su futuro, presa de los cambalaches políticos. Hay que recordar que el PP se negó en su día a resolver el absurdo constitucional de la discriminación ante el silencio cómplice de una izquierda real o sedicente que tampoco vio clara la jugada igual que no la ve ahora. Pero es evidente que el romance de doña Leonor no podrá sostenerse si en la familia nace un varón que sería, de modo automático, el heredero constitucional. Ya ven cómo es cierto que estamos donde estábamos cuando Calomarde se veía las caras con la infanta Carlota, pero con la diferencia, verdaderamente paradójica, de que en esta ocasión el pleito de la legitimidad carece de sentido en una sociedad que ha aceptado irreversiblemente la igualdad entre los sexos. ¡El mundo en plena “tercera guerra mundial”, según dicen, y nosotros a vueltas con la Pragmática Sanción! Lo único que nos salva es la indiferencia masiva frente al fondo del pleito en este país que bien sabemos que lo mismo se pone la flor de lis en la solapa que se cala el morrión.
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El éxito de esta monarquía “instaurada” ha sido más bien pírrico en una nación que permite ya que se cuestione a plena luz del día su misma integridad. Su fracaso es perceptible en el hecho de que su vigencia se manifieste con más fuerza en la crónica rosa que el dietario político. Pero no es desdeñable el riesgo que implica mantener una discriminación que, aunque cualquier parangón con el pasado resulte inverosímil, podría acabar replanteando, en plena postmodernidad,  el debate calomardiano que abrió la saga de nuestras guerras civiles. Demasiado postizo lleva encima ya una institución auspiciada por la vieja dictadura como para acumularle un pleito sucesorio que, para empezar, pone en evidencia a la propia Constitución y deja en precario nuestro eventual progreso moral. Por eso quizá una cuestión con tanto fundamento social y político puede reducirse en la crónica de sociedad como si realmente se tratara tan sólo de un detalle corregible en cualquier momento y de un  simple plumazo. Contra todo eso parece dirigirse la preocupación del actual heredero, que ve seguramente con claridad que de nacer un heredero varón antes de modificarse la Constitución vigente, una solución tardía habría de implicar sin remedio la incómoda pérdida de su derecho, algo que no tendría mayor trascendencia en una familia común pero que tiene toda la del mundo en una monarquía hereditaria que vive acogida a la sombra del mito de la continuidad. Tengo entendido que las encuestas constatan la indiferencia del gentío ante esa cuestión de fondo que, sin embargo, cuenta con un apoyo social masivo. Algo es algo. En una sociedad de verdad monárquica estaríamos ante un problema digno de Salomón.

16 Comentarios

  1. Me pongo en el lugar del Patrón y entiendo que de vez en cuando aliñe una faena aliviándose. Hoy me sobra toda la columna y me quedo con cuatro palabras, ya casi al final: “… la indiferencia del gentío…”

    Se trata de una institución –disculpen pero no doy con la tecla de las mayúsculas- irracional, anacrónica, discriminatoria, arcaica, impropia de una sociedad que se dice democrática. Fíjense en el término ‘heredero’. O sea que un membrillo nace en el puesto supuesto y ya lo es, demuestre o no capacidad intelectual, je, je, moral o simplemente humana.

    Algún capullo ocioso hasta se puso a elucubrar en caso de mellizos. Servidora, puesta a rizar el tirabuzón si se pide la retroactividad de la ley o la monserga que se sustancie, me pido el carguete para la lumbrera amazónica. ¿Quién me quitaría el gustazo de ver al Marichalar con coronita de diseño?. Anda y que les den.

  2. No sé por qué doña Epi desdeña una reflexión porque su tema no le interese, pero a mi al menos, me parece que lo raro es que no haya producido más recciones.

  3. No me extraña el silencio, como no me extrañó ayer, dada la dificultad que oferce la página para entrar, como esta mañana temprano avisaba alguien en el bloque de comentarios de ayer.
    Personalmente creo que lo que gm expresa es la extraña situación que se está creando en el Sistema, implicando a la propia monarquía, entre otras cosas por la razón que con tanta malicia apunta al fina: la preterición insalvable de la heredera mayor.

  4. Si leen ustedes la Partida Segunda, que es la fuente original de la que dimana esta cuestión del derecho hereditario, verán de que lejanos polvos vienen estos lodos, y si se asoman a nuestra historia fernandina –como parece que insinúa que hagamos el anfitrión– comprobarán que esas contradicciones no las inventaron los Borbones sino que son consustanciales a la mono-arquía. Recuérdese la historia de Agripina, pero hay otras muchas. A un servidor le ha interesado la evocación de Calomarde aunque me temo, patrón, que la ‘basca’, como dice usted, no recuerde ya ni pro el forro quién era esa doña Carlota.

  5. ¡Pues ande, Señoría, que aviados vamos con la Pragmática Sanción! Valga la memoria o no valga, está claro que la monarqúía no encaja ya con comodidad en el paradigma lógico de las nuevas mentalidades. Si se armó la que se armó por la elección de una morganática como Letizia o si no se plantea siquiera (¿qué feminista lo ha mencionado siquiera?) esa preterición de la señora de Marichalar, es por lo mismo: porque tratamos ocn una institución superviviente de sus propias contradicciones. No osbtante, recuerdo que, al menos en primera intención, sigue habiendo mayoría monárquica ne las encuestas. Que por la mañana podría desaparecer, por supuesto, pero d emomento ahí están.

  6. Raro blog éste, aglomeraod unos días, casi desierto otros. ¿Dónde están los jueces (a salvo Ropón), los profesores, doña Bárbara, María Vázquez, Estuario y Beturia (que imagino paisanos), don Griyo y tantos otros? A mi entender hay pocos temas tan demostrativos de la incoherencia ideológica en que se mueve esta sociedad “avanzada” como éste que ja propone sobre la discriminación de la herencia monárquica, consagrado en la Constitución e inexplicablemente paralizador de todo el montaje político y social. El tema es muy interesante, ya digo, para ver la escasa profundidad de algunas propuestas de cambio o la contradicción que muchas veces lleva dentro alguna de ellas. En fin, mi absolución “de levi” a los absentistas y, una vez más, mi reconocimiento a la intuición de nuestro convocante.

  7. ¿Por qué trae gomez marin a sus conferencias en Sevilla a José Bono, por oportunismo, por mala fe? Sinceramente, creo que el señor Bono debería pasar una temporada en el desierto expiando sus grandes soberbias y sus grandes venganzas.

  8. ¿España, mañana/ será republicana”? Es posible y Calomarde ha venido a echarle una mano a los nostálgicos, que estpy seguro que le agradecerán el republicano/monárquico/lo-que-haga-falta que es ZP o el pretendiente Trevijano.

  9. 20:14
    Para don Choro: no hay que hacer juicio de intenciones al maestro. Si usted no traga a Bono, no vaya a escucharle y en paz, pero puede contar con que, por cabreados que, con razón, esté el sociatismo de nómina y el adyacente, la sesión será un nuevo llenazo y otro éxito de esas Charlas con que jagm está dando una lección a la Cultura oficial que tanto dinero gasta.
    Como doña Epi, tampcoo yo gasto sentimientos ni adhesiones monárquicas, pero a diferencia de ella encuentro que la columna de hoy denuncia una hipocresía lamentable e indica las causas de sus contradicciones.

  10. 20:26
    Casi pisándole los talones al profesor suscribo el final de su comentario: es importante denunciar los “nudos” en que se enreda el sistema, las contradicciones de este “régimen” monárquico añorante de la República y las de estos republicanos que dan rodillazo encantados de sí mismo (y le piden foto al cámara para ponberla en el despacho) cada vez que tienen oportunidad de asistir a una recepción. No se pierdan a tantos despotricadores/as de Letizia sonriéndole como angelitos al desfilar ante ella, ni las genuflexiones de nuestras sociatillas/Vogue.

  11. Montesquieu (el siempre citado, pocas veces leído) dijo en una ocasión que en una monarquía bien organizada los súbditos son como peces atrapados en una red. Ya puede imaginar cada cual lo que puede ocurrir en una tan desorganizada como la que pagamos entre todos o la que avergüenza a los ingleses.

  12. Conocí a sociata ilustre de los de birrete y puñetas universitarias que me decía republicanota por falangistona allá en los ochenta y tantos. Una sola vez le dije que cuando él andaba medrando por la OJE, servidora firmaba con nombre y apellidos, más DNI of course, en papeles de los primeros setenta. Para verse en listas negras del anterior Régimen no hacía falta más. No volvió a tirarme pullas.

    El mushasho es de los que tienen afoto enmarcada en plata en audiencia real. Si le da tiempo intentará hacerse la próxima, bien con el Pijo o con el presidente de la Tercera. Seguro que le da tiempo a orientarse. Nos ha merengao.

  13. 21:11
    Ya he comentado alguna vez que aquel 23 F me declaré republicano juancarlista y entendí que D. Juan Carlos nos había librado de otra dictadura y por lo tanto se había ganado su sueldo de toda la vida.
    Sigo fiel a mi palabra de entonces pero no sé qué tendría que pasar para que yo me declarase republicano leonorista.
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    “pone en evidencia a la propia Constitución y deja en precario nuestro eventual progreso moral.”

    Igual me da heredera que heredero y pienso que si lo que viene viene machillo y no se ha modificado la Constitución, doña Leonor no tiene más que someterse a una, ya sencilla y legal, operación de cambio de sexo.

    ¿Qué más da? ¿Tendrá cuerda la monarquía para la tercera generación?

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