Un grupo de matemáticos pertenecientes a ese congreso de Madrid que ha intentado en vano homenajear al ruso Grigory Perelman, ha caído en un espectacular fraude del tipo conocido como “policía full”, es decir, que han sido desvalijados en plena calle por un grupo de bandidos que se hacían pasar por policías para tener acceso a sus carteras. El procedimiento va siendo ya tan habitual que la última vez que estuve en Praga me encontré una bienvenida del hotel que incluía unas normas precisas en las que se avisaba sobre el riesgo de ser abordados en plana calle por falsos policías y, sobre todo, se recomendaba con vehemencia no acceder jamás a la invitación de acompañarlos a comisaría en vehículos de su propiedad, aviso que en una ciudad abarrotada de turistas me hizo pensar que malamente debería ir la cosa. Lo mismo me ha venido contando alguien desde San Petersburgo no hace mucho tiempo tras ser desvalijado por este rudo procedimiento que está pidiendo a gritos que se adopten medidas de urgencia contra esta crecida imparable del fraude que acecha ya lo mismo en Internet que al aire libre (es un decir) y nos alcanza igual por teléfono que en el cajero automático. La ‘Federal Trade Commission’ se ha especializado en USA en perseguir los llamados “robos de identidad” perpetrados por los métodos más diversos, desde la captación ratera de nuestros datos en el tacho de la basura hasta el rapto completo de nuestra personalidad jurídica para convertirla en lucrativa mercancía. Pocos profes ignoran hoy, por ejemplo, que una legión de alumnos consigue sus deberes debidamente formalizados en una Red en la que, inexplicablemente, permanecen abiertas páginas que ofrecen, incluso gratuitamente, este servicio fraudulento de la misma manera que una lluvia de ‘spots’ nos ofrece cada mañana, en el correo electrónico, falsificaciones de grandes marcas o medicamentos reservados. Nos copian electrónicamente la tarjeta o utilizan nuestros datos secretos para pagar sus facturas telefónicas que, en caso de ser resarcidos por las compañías, éstas cargarán a prorrata en la factura colectiva. Hemos pasado sin advertirlo de la trampa picaresca a la ingeniería del fraude. El “tocomocho” y el “nazareno” resultan hoy casi entrañables en la medida en que no eran más que la remota prehistoria de la estafa institucionalizada.

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Me asegura quien lo sabe, por otra parte, que un control drástico del uso de los instrumentos privados de crédito constituiría un riesgo de imprevisible alcance en el actual sistema de relaciones económicas, basado en buena medida en esa ubicuidad del negocio que posibilitan los nuevos soportes. La alcancía electrónica de nuestros hijos, el monedero inmaterial en que transportamos nuestro crédito o el trapicheo informático de nuestros bancos, son prerrequisitos sin los cuales el consumo padecería eventualmente tan drástica reducción que no resulta difícil imaginar la debacle. Y ello quiere decir ni más ni menos que nos hemos instalado en una cultura del fraude que, según se dice, avanza y se sofistica a medida que vamos descubriendo antídotos para unos trucos depredatorios que practican sin miramientos las propias instituciones lo mismo que los chorizos. El progreso en la comunicación ha sido tan súbito y rotundo que no nos ha dejado tiempo ni para echarnos la mano a la cartera en previsión de esos asaltos a cara descubierta o disfrazados en el hábito que, por fin, comienzan a contar entre los grandes números de la contabilidad cotidiana. Un poco tarde, sospecho, acaso cuando ya el peligro no es tanto la acechanza del malhechor como nuestra resignación ante el atraco. Lo que han hecho esos malandrines, en definitiva, es una broma si se compara con el saqueo de guante blanco que practica la banca en nuestras cuentas corrientes. Dicen que Perelman no sólo ha rechazado el millón de dólares sino que no tiene ni cartilla de ahorros. Seguro que sus estafados colegas lo entienden ahora mejor.

20 Comentarios

  1. Institucionalización del fraude: ésa es la clave. A mí también me pcurrió en alguna ciudad europea. En España ese delito, de ser perseguido, tendrá un catsogo poco disuasorio, se lo digo yo a ustedes. No sé en otro países, pero mtodo indica que el fraude ha superaod la prueba en todas partes. Curioso este mundo que proclama sin tregua los altos valores y vive sobre la inmundicia moral.

  2. Claro que el fraude callejero no es más que una manifestación colateral del espíritu fraudulento de la sociedad en su conjunto. Si tu banco te engaña, si la compañóa telefónica te mete gato por liebre son sus segundos sumados, si Hacienda te retiene sin intereses pero te exige intereses cuando eres tú el deudor, si etcétera, no le pidamos al muerto de hambre de espíritu deluncuente que no se meta en el negocio. Lo que vivimos es una crisis moral antes que jurídica, creo yo y me parece estar de acuerdo con cosas leídas y escuchadas a jagm. La tarea que nos queda, por eso mismo, es mucho más profunda.

  3. Hay que ponerse en el lugar de los atracados de esa manera, para imaginar la ansgustia.Pero, en efecto, lo impoortante es insistir en que el hecho se xplica sólo por el fracaso moral de nuestras sociedades en su conjunto, farcaso moral que lleva al desorden jurídico y, en última instancia a la impunidad. Aquí también se abusa de muchas formas de los extranjeros y por muchos procedimientos, sin excluir a los desgraciados “sin papeles” que llegan en busca de pan. Este mundo se está pudriendo, es verdad, y no hay euq ver en casos como el hoy propuesto una anécdota sino un síntoma tremendamente grave.

  4. NO se comprende la falta de seguridad. ¿Cómo es posible que se produzca un hehco como ese en los alrededores del Palcio de Congresos conde se celebraba la reunión de matemáticos? ¿Es que ni siquiera en estas situaciones se aumenta la vigilancia a pesar de que, seguramente, se conocen los riesgos? Cero patatero al delegado del Gobierno en Madrid, y a los correspondinetes servicios policiales.

  5. Hay que pedir seguridad y orden.

    Las causas y prevenciones de los delitos es una cosa para que los políticos tomen las medidas adecuadas.

    Y la eficacia que nuestros gobernantes están demostrando es acertada.

    Y es que no hay manera de que el personaje de la baronesa Emma de Orczy pueda vivir su placentera vida sin la incertidumbre de las molestias del populacho.

  6. El saqueo de la banca, dice usted. ¿Y del del Fisco, qué me cuenta? ¿Y de las compañías que nos facturan? Hace poco he leído que con el dinero sisado a las economía personales, cualquier ciudadano podría ahorrar una fortuna.
    Pero eso es aparte, ahora en serio. Escalofriante la imagen “soviética” de esos falsos policías, y escandalosa la posibilidad de que actúen en el centro de Madrid. Me sorprende el hecho pase desapercibido en un país que pretende evivir del turismo.

  7. No sé si en la nota de Juan Moreno hay ironía (he notado con frecuencia que cuesta entenderle). Si así fuera, mal. Mal porque no se puede hacer fdemagogia con la seguridad/inseguridad. Los espíritus más radicales han sido grandes previsores de su seguridad. Le recuerdo a Fouché, a Robespierre, a Indalecio Prieto… No sé qué motivos podía tener la baronesa pero lo que comenta/denuncia la columna de hoy, entre bromas y veras, es un asunto de gran interés cívico no una aprensión conservadora.

  8. Curisamente hace poco viví una situación parecida a la comentada. Me ocurrió en Italia, donde, por otro lado, ya había oído hablar de los asaltos callejeros de bandas “familiares”. En la vasta literatura de viajes que conservamos apenas hay –bandolerismo aparte– rastro de esta violencia reservada al visitante que, verdaderamente, debería ser extirpada de raíz. Yo también he crído percibir ironía en las palabras de Juan Moreno. Si así fuera, lo lamentaría mucho viniendo de una persona tan significada por su activismo cívico. De otro modo, debería aclararlo.

  9. Sobre lo de la venta por Internet hay mucho que hablar. Hay denuncias en el Ministerio desde el principio, pero nadie ha hecho caso, lo que está provocando la desonfianza creciente del profesorado (me incluyo) respecto de los alumnos. Siempre hubo picaresca como siempre hubo fraude, pero llevaba razón alguien que decía esta mañana aq

  10. (perdón por el corte, sigo ahora)
    esta mañana aquí que lo que ocurre es que atravesamos una crisis moral generalizada. Un grupo de alumnos me espetó un día en mi seminario una ardiente defensa del mercadeo de “trabajos” por Internet.

  11. Hace poco mi marido quiso convencerme de que debo marcar los números de mi clave en el cajero bancario de modo que no pueda verse lo marcado. Dios mío, me he negado. Creo que es el banco el responsable si permite que le pongan dispositivos en su propio cajero y no estpoy dispuesta a ir por la vida embozada.
    Claro que un atraco fingido de “policías” es ya un colmo. Hay que llamar la atención sobre la escasa difusión que este incidente ha tendio en nuestra prensa. No sé ustedes, pero yo ni lo he oído mencionar, al menos de pasada, en la televisión.

  12. Jefe, en el blog de Trevijano ha salido alguien pidiendo la cesnura previa de los mensajes. ¡Que tome nota Marco Trebonio et alii!

  13. Un tema para preocuparse e ir pensando en cómo conseguir que losm poderes se decidan a proteger el interés público. Para los que sientan la tentación demagógica de ver en él algo así como prevención pequeño-burguesa –esa baronesa me ha empinado la oreja– un solo comentario: me gustaría verle en la situaicón de los pobres matemáticos. Cerrar los ojos a lo que está ocurriendo en España con la seguridad es absurdo y falsamente progresista. Tiene pleno sentido que se arme la de Dios al descubrir violencia policial, como ha ocurrido estos mismos días, pero no tiene ninguno blandear con la barbarie que han traído las nuevas mafias y, en resumen, la situación de fraude descrita por gm.

  14. ¿Cómo es posible que se produzca un hehco como ese en los alrededores del Palcio de Congresos conde se celebraba la reunión de matemáticos? ¿Es que ni siquiera en estas situaciones se aumenta la vigilancia a pesar de que, seguramente, se conocen los riesgos?

    Unicamente se puede “aguantá” esto con ironía.
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    Y ahora un recuerdo, ¡tómenlo como quieran!

    En el 83 visito la URSS de Andropov. Mis dos hijos, mi esposa y un SEAT 131.
    Paso la frontera polaca-rusa. De noche. Dos horas de revisión del interior y los bajos del vehículo. Me abrieron varias legumbres que llevaba, pusieron cassetes al azar, maletas encima de una mesa completamente abiertas. Nos obligaron a enseñar todo lo que de oro llevábamos y escribirlo en una hoja.
    Llevábamosla ruta preestablecida. No podíamos abandonar las carreteras en un radio de 5 Km. Podíamos visitar todas las aldeas que atravesábamos. La llegada a los campings era obligatoria el día fijado. Obligación de avisar a la policía si había problemas para no llegar durante el día previsto.
    En una ocasión abandoné el cinturón más externo que rodea Moscú e inmediatamente me obligaron a entrar de nuevo.
    No encontramos ninguna prohibición en el interior de la ciudad.
    Durante 7 días estube aparcando el coche cada día en plena Plaza Roja.
    Durante los 15 días que estube en la URSS no tube el más mínimo problema de seguridad. El trato fué siempre respetuoso y cortés.
    Acudíamos a los centros de las ciudades y en la tienda nunca encontramos nada a faltar, ni en el coche.

    ¿Creéis que ahora es posible hacerlo ?

  15. Hola don Juan, pues no , no creo que sea posible ahora aparcar en la Plaza Roja y dejar el coche tirado quince días sin “ningún” problema. Pongo ningún entre comillas porque sí que los tuvo: el coche iba más que vigilado, lo seguían el rastro, y cuando se apartó Usted de su ruta pronto le mandaron volver donde le esperaban.
    Yo creo que como en todo, hace falta un poco de mesura: ni tanto ni tan corto.También pienso que mientras el personal se va tentando los bolsillos para ver si le han robado, pués no piensa en problemas más generales.

    Por demás, también creo yo que vivimos una crisis moral, que el mal ejemplo viene de arriba, que a algunos hay que darles jarabe de palo, porque otra cosa no entienden,y que al ciudadano de a pie hay que sisarle menos y dejarle gastarse esos cuartos como más le guste: pero si las cosas no fueran así disfrutaríamos de una democracia perfecta y la que tenemos es solo mediocre, paleta y demagogica. Comprendo su ironía.Buenas noches a Usted.

  16. Aclaración: Había unas casetas de vigilancia y control cada dos ó tres km. en aquel cinturón.

    Mi matrícula era fácil de identificar por española y el modelo era casi imposible que perteneciera a un ciudadano soviético.

    ¡ Vamos que el coche cantaba su origen !.

  17. La seguridad no debe ser un efecto de la falta de libertad, las tiranías suelens garantizar el orden. Cánovas ya gastaba el famoso binomio: “Ley y orden”. Igual que el de Bush. La única seguridad que vale la pena es la que se consigue estando libre. Por eso no entiendo bien la contradicción que propone don Juan Moreno, pues por un lado se queja, con razón, del abuivo control, y por otro parec recordar con nostalgia la dictadura soviética. En fín, cada cual es cada cual, de eso no hay duda. Por el resto de la cuestión, me parece que la clave está en esa crisis moral de que se viene hablando aquí. Lo que llega a los Juzgados ha de calibrarse teniendo en cuenta que ocurre en la calle.

  18. Extraño que nadie haya reparado en lo del “robo de la intimidad”, qué expresió aterradora para ser admitida como de curso legal! Una copiosa legislación sobre protección de datos se ha demostrado inútil a la hora de impedir que los ladrones de intimidades se forren con su negocio. En USA me confirman que siguen exigiendo los seguros los antecedentes médicos de los aseguradores, un poco como los seguros de accidentes excluyen a los asegurados que padecen percances. Los bancos se intercambian información reservada sobre nuestras finanzas, hay registros de impagados que publican nuestros deudas que nadie sabe si están justificadas o no, etcétera. También esto conecta con la crisis moral y con la inseguridad. Al propio anfitrión me consta que trataron de amedrentarlo hace poco unos cobradores sin derecho y que él se plantó y no les pagó: eran los gestores de las presuntas deudas de los antiguos clientes del canal digital de Prisa. Y por lo que me contaron, parece que poco les faltó a esos cobradores para enseñarle la placa a don josian… Que diga él si miento.

  19. Irme a la cama sin mi raicón de doña Epi me resulta insoportable. ESpero con ansiedad a que mañana nos diga algo, si es posible referido también a este inicidente del engaño a los matemáticos.

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