La estrategia urbanística de la Junta y su (des)control del medio ambiente consiste desde siempre en buscarle la trampa a la Ley. En Doñana, cuando el círculo íntimo del entonces presidente González dio el pelotazo que suponía comprar días antes de la recalificación, resulta que “se perdió” la hoja correspondiente del PGOU de Almonte donde venía contemplada esa lotería trucada. Ahora, en el Cabo de Gata, parece que Chaves aprovechará el nuevo Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) de esa delicada zona, cambiando la calificación del espacio en el que está edificado, hasta meterse en el mar, el famoso superhotel de El Algarrobico, de manera que el caso –sobre y contra el que han jurado en arameo desde el propio Chaves a la ministra pasando por la consejera– quede resuelto y la inconcebible agresión ambiental, legalizada por derecho. No se fíen de la palabra de los políticos en apuros porque, al final, olvidan su palabra, indefectiblemente, en beneficio del poderoso. Marbella, Chiclana, Monteenmedio, la propia sede del PSOE en Sevilla, prueban que ese negocio es irresistible. 

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