Eso es lo que subleva y suliveya al gentío: que haga falta que ocurra una desgracia, que se produzca una tragedia –un moribundo abandonado sin asistencia en un consultorio del SAS–, para que la Junta ceda y abra la posibilidad a de aumentar los efectivos del sistema sanitario. En el mismo lugar donde ese desdichado falleció hubo no hace tanto tiempo un conflicto tal que el único médico presente, asistido de una médica recién licenciada que pasaba por allí, debió atender a cientos de personas hasta que él mismo hubo de ser trasladado al Hospital por sufrir un accidente vascular. Claro que bien está lo que bien acaba, si es que acaba, es decir, si los buenos propósitos no se agotan en dos o tres parches insalvables, sino que se traducen en una nueva filosofía que pueda entender hasta el obtuso delegata que manda/obedece en Huelva. Los familiares del difunto dirán que a buenas horas, mangas verdes. Los miles de ciudadanos que se arremolinan en las consultas de verano podrían, sin embargo, agradecer aunque fuera un intento.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.