Otro grave delincuente que se escapa por la negligencia de la Justicia, aunque no es posible eludir la causa última de la intolerable situación, que no es otra que el caos provocado en esa Administración desbordada por la falta de medios y el incremento de delitos. En esta ocasión, el beneficiado será un narco condenado a nueve años que estaba a la espera de su recurso al TS pero cuyo plazo de prisión preventiva ha expirado sin que los magistrados competentes prorrogaran su prisión preventiva. Se cumple, pues, el aviso dado por los jueces de que el “caso Mari Luz” podría repetirse en cualquier momento en un sistema saturado.  La Junta no ha movido un dedo tras aquel tremendo caso ni, verosímilmente, lo moverá tras este nuevo. Quizá el pecado auténtico de jueces y magistrados sea no plantarse de una vez y hacer pública sin ambages la circunstancia imposible en que tienen que trabajar.

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