Un caso raro: la consejera Crespo, que tiene sobradamente demostrado su buen talante, y el ministro Planas, que igualmente es persona cortés, han calificado su primera reunión como “cordial, constructiva y satisfactoria”, coincidentes en que el móvil de ambos no puede ser otro que el beneficio de Andalucía. Frente a ese respetable gesto -¡ah, el cambio, el diálogo…!–, ahí tienen al responsable de que la autonomía carezca este año de Presupuestos reclamando al consejero recién desembarcado los que, a saber por qué, él no hizo a tiempo como hubiera sido su deber. ¿Lo ven? Dos maneras de ser, dos estilos distintos, dos conceptos antípodos de la responsabilidad política en una misma batalla. Quizá llevaba razón un Presidente anterior cuando decía que “ca uno es ca uno”, pero a la vista queda en qué decisiva medida la dignidad política depende de la calidad personal.

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