Hubo una larga temporada en Londres en que cada tarde noche se organizaba en Trafalgar Square la cita por la libertad de Mandela. Gente joven, turistas curiosos, muchachas cimbreantes mantenían encendida la lumbre de la esperanza al ritmo de bongos y voces invocando la libertad del viejo preso, dispersando por el ambiente una vaga sugestión de exotismo que los “bobies” se encargaban discretamente de mantener a raya. Bajo esa sugestión cobraba cuerpo en el imaginario aquel país lejano, con sus estepas inacabables y sus laberintos de manglares, sus colonos despóticos y el calvario de una negritud expoliada a la que encarnaba mejor que nada ni nadie un nombre ya por entonces mítico, Mandela, que había pasado entre rejas lo mejor de su vida, indesmayable en la demanda de libertad para su pueblo, de justicia para sus gentes, de igualdad de partida para todos los hombres al margen de su color. Un tertuliano –y bien inteligente—me pregunta en la radio, no sé si capciosa o ingenuamente, si no habremos sobrevalorado entre todos a Mandela, si no habremos hecho un mártir de quien tal vez, para defenderse, hubo de derramar o permitir que se derramara sangre, en una palabra, si fue o no fue terrorista en su día. Por toda respuesta, le he preguntado a mi vez si sería propio llamar terroristas a los héroes de la “Resistencia” francesa o a los españolitos guerrilleros que osaron enfrentarse a Napoleón, por poner dos ejemplos. ¿Acaso hay procesos de independencia legítima –la de los pueblos oprimidos y privados de sus derechos por gente extranjera—que no haya afilado alguna vez sus dagas o engrasado su fusil? Mandela podría alegar, en todo caso, que él sufrió dignamente en prisiones tratando siempre de poner paz en aquel matadero que simbolizaba el “apartheid” de los caballeros blancos y las damas con pamela, aquel idilio ya insostenible. Trafalgar era una fiesta entonces. Siempre lo acaban siendo los festivales por la libertad.

Ahora Mandela se muere, se acaba, habría que decir, doblada ya hace tiempo la curva de los 90, rodeado del fervor de su pueblo y del respeto de la inmensa mayoría, se va entre murmullos de rezos y ecos de sufragios, definitivamente consagrado como sólo logran serlo los héroes, y su mundo se deshace en lágrimas incoloras rodando por las negras mejillas. Hay vidas terribles que son casi perfectas. Aún resuenan en mi cerebro los bongos de Trafalgar Sq uare.

7 Comentarios

  1. Madiba se muere a chorros. Lo normal con 94 tacos y la carga de los años difíciles de prisión. El Gobierno de SudAfrica ha activado desde el pasado fin de semana el protocolo para organizar el funeral del exmandatario.

    Lo único que me preocupa –imaginen esa sala de UCI: mascarilla de oxígeno, cuatro o seis tubos y/o cables ‘aprisionando’ el pequeño cuerpo, varios monitores marcando ritmo cardíaco, saturación de O, presión arterial, presión venosa, canalización de vasos sanguíneos para sueros, para medicación, sonda vesical…– es que no se deje morir en paz a quien tanto luchó por ella.

    Me trae el recuerdo del otro viejo. Encarnizamiento terapeútico lo llaman los manuales. ¡Tiene 94 años!

  2. Un final triste para un hombre admirable. Esa pregunta que le hicieron a usted estuvo muy bien contestada.

  3. Comparto el horror, tan bien descrito por “el DR.” Epi, y lamento como él que cada cual non tenga garantizado un final digno y sereno. Más tratándose de un gran hombre que ya ha sufrido bastante por una causa tan justa.

  4. Un hombre excepcional, un hombre entregado a una causa justa y que procuró siempre buscar el mejor camino. Si en los comienzos de la lucha hubo violencia, no se piense que fue gratuita sino paralela a la muy terrible que se ejercía sobre los negros en aquel infierno del apartheid. Mandela sólo tuvo de malo su mujer anterior, la que sí abusó de la violencia, pero él no es responsable de aquellas barbaridades, como es sabido de todos. Ojalá que su tránsito sea sereno.

  5. Me alineo con don Epi, qué sé yo sui pensando en mí mismo, y le deseo al viejo caudillo un final tranquilo y, si es posible, feliz, pues se lo ha ganado a pulso. Pocos hombres mueren siendo amados por su pueblo y respetado casi en todas partes. Mandela es uno de ellos.

  6. Hoy coincido, sin que sirva de precedente, con la columna. No comparto los criterios de gm, siempre tan parcial, pero lo cortés no quita lo valiente.

  7. Ya ve, don Crítico, aquí hay sitio “pa tos”, no como en otras partes, eso se lo debemos usted y yo a la paciencia de nuestro azacán, que no pasa día sin que nos busque motivos interesantes y los interprete, mire usted por donde, con un criterio que a muchos, y a mí desde luego, nos parece singularísimo. Hay gente pa to, don Crítico, no me tenga en cuenta la broma.

Responder a crítico Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.