En buena parte han ido a poner la era IU y el PA, al solicitar, tras las huellas del PP, la limitación de mandatos. Cuando ZP prometió esa limitación en su primera aparición en Andalucía, un avezado militante le preguntó si sabía dónde estaba de pie. Chaves va a presentarse a la presidencia de la Junta por sexta vez consecutiva, Guerra lo hará en novena ocasión por el escaño sevillano al Congreso, pero como ellos, una legión de personajes de mayor o menor cuantía se eterniza en sus cargos agarrada con uñas y dientes. Claro que enfrente del PSOE no ocurre nada singularmente distinto, pues hay en ellos candidatos que son también los mismos –en el PP o en IU– desde el origen de los tiempos. Esta democracia es a la vez una profesión y, como en toda profesión, sus beneficiarios aspiran a la estabilidad en el empleo, o mejor, a la perpetuidad dentro de lo posible. Todos y cada uno, por supuesto, y a salvo las excepciones. En la derecha y en la izquierda. Como en los sueldos y otras bicocas, en eso han coincidido siempre tirios y troyanos.

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