El estrepitoso fracaso de Borrell en el Kremlin ha servido a la tesis de los críticos de nuestra democracia. ¿Cómo criticar al canciller de Putin su descalificación de nuestro sistema de libertades cuando un vicepresidente del Gobierno sostiene en público la misma tesis? No será la última vez que tengamos que tragarnos esos desprecios ajenos que no son más que la consecuencia del creciente descrédito internacional de esta España sujeta a la “friquicracia” que empezamos ya a asumir entre la costumbre y la resignación. ¿Y que otra cosa podría esperarse, en todo caso, de un régimen político que anda enfrascado, en plena pandemia, en la búsqueda de leyes que despenalicen la gran injuria (y la calumnia, llegado el caso) o que dejen al arbitrio del adolescente la caprichosa elección del sexo? La ridícula imagen de ese vicepresidente que actúa como un celoso ultrademócrata se basta y se sobra, no sólo para descalificarlo a él sino para descalificarnos a todos como país.

¡Pues claro que ésta que vivimos no es una democracia perfecta! Lo sospechamos desde que Rubalcaba permitió –¡en un “día de reflexión” electoral!– incubar en la Puerta del Sol el huevo de la serpiente populista. Y lo hemos comprobado luego día tras día asistiendo a la degradación de una situación política en la que se abre la cárcel a los asesinos en serie, se permite a los delincuentes  contumaces protagonizar una campaña electoral o se encumbra como alto cargo de la Administración a una niñera. Un Gobierno de retales como el que nos aflige no puede pretender la respetabilidad, sobre todo desde el momento en que se sostiene forzado en unos socios que son enemigos declarados de España, mientras acosa indisimuladamente a una Justicia hoy bunkerizada frente a un  Gobierno depredador que busca someterla a su arbitrio.

Miren, cuando vean en el telediario otro episodio de la saga de la Gürtel, consideren que en Andalucía se cifra ya en ¡un billón! de euros lo depredado y nadie se acuerda de ello. ¿Qué se puede esperar de un país intensamente desinformado en el que, en cada telediario, un par de personajes en chirona ponen en jaque –sin pruebas, de momento y a base de chantajes– a los Gobiernos anteriores rivales del actual? Claro que si se traga con un Presidente plagiario, ya está todo dicho. Sí, lleva razón el vicepresidente antisistema: esta democracia no es perfecta ni mucho menos. Aunque ni él ni la banda de Putin están legitimados para dar lecciones de democracia. Bien pensado, la verdad es que de un vicepresidente presuntamente financiado por Irán o Venezuela y que asegura en público sentirse “emocionado” cuando ve agredir a un policía, tampoco cabe esperar mucho más.

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