Nos han abrumado durante la Semana Santa las nuevas lamentables. Un desequilibrado sin el debido control, tras parapetarse premeditadamente en la cabina, precipita un avión con centenar y medio de criaturas sobre un valle escarpado de los Alpes franceses. Nada menos que cuatro grupos fanáticos profanan el Miércoles Santo con otros tantos atentados suicidas o no dirigidos contra los cristianos. Varios parricidas se llevan por delante a sus mujeres, en algunos casos suicidándose a continuación. Una pareja de inmigrantes rumanos trata sin éxito de vender a su hija recién nacida y concebida para tal fin y otra de “lobas solitarias” es interceptada por la policía en USA cuando preparaban una campaña de bombas. Hay más, muchas más noticias de esa índole, como si se tratara de refregarnos la evidencia de que el Mal no sólo existe –muchas teodiceas lo vienen negando desde tiempos inmemoriales—sino que tiene sus “temporadas altas”, sus funestas mareas difícilmente comprensibles para el hombre normal, que no es un lobo para el hombre, como querían Plauto y Hobbes, ni mucho menos. Es un enigma eso del Mal, aunque tenga rostro y voz propia muchas veces, como bien supieron Hannah Arendt o Primo Levi, hasta el punto de que en ocasiones parece que mueve al mundo cierta algofilia, esto es, la aceptación alegre del Mal, el regocijo incluso ante sus efectos, o acaso que el sadismo no es una enfermedad rara sino una afición dispersa en una sociedad enloquecida. ¿Mano dura? Bueno, es posible, pero hemos llegado a un punto en que dudo de que bastara con aplicarla.

Hay quien, como Rüdiger Safranski, sostienen que el Mal es el precio de la libertad, o sea, que sin ese factor negativo y temible la especie seguiría siendo poco menos que un rebaño, y hay quien como san Agustín pensaba que la libertad de espíritu está en los abismos del mal. Quizá, pero ¿quién se para en teorías mientras los medios nos bombardean sin descanso con las imágenes desoladoras de la ferocidad humana? Se dice que las persecuciones romanas no lastimaron a los cristianos tanto como las que hoy prodigan esos poderes incontrolados y que tal vez nunca como ahora fue la Humanidad testigo de tanta crueldad, pero la fiesta sigue y no parece que el mundo civilizado tenga en su mano pararla. A duras penas se mantiene en pie el humanismo superviviente, mientras la ciudad alegre y confiada aprovecha el anticiclón para broncearse en la playa.

7 Comentarios

  1. Es usted muy libre, don Griyo, pero la columna de don ja versa sobre un tema mucho más abierto, como es el de la maldad –ese Mal que le obsesiona intelectualmente de que éramos mozos–, la llamativa extensión de la perversión entre los hombres. Son malos tiempos, en efecto, aunque no olvidemos que, como aquí se ha comentado alguna vez, apenas hay un tiempo en la Historia del que sus contemporáneos no se hayan quejado como del peor…

  2. ¿No me dijo usted alguna vez que el problema que plantea el Mal carece de respuesta intelectual, mi don josian? Entonces, ¿por qué se sofoca tanto con los «males» que nos abruman? El H. será un jodido simio mientras la Humanidad exista, no le quepa duda de eso, pesar de su fondo rousseaniano.

  3. Una Semana Santa de órdago, pero espere usted a ver la que nos cae encima de aquí a Pentecostés. Tampoco yo cojeo de optimista antropológiica, como le enseñaron decir a don ZP. Más bien desconfío de esta Humanidad a la que siente tan dolorosamente vinculada en la médula.

  4. Usted sabe bien que el Mal no existe, carece de realidad con concepto, es sólo la ausencia del Bien, como el frío es la ausencia de calor. Las teodiceas y no sólo la de Leibnitz, discuten siempre esa realidad que, sin embargo, está presente en la experiencia. Grave problema ésta para traerlo a una columna y como me consta que usted sabe de él más que yo, ahí lo dejo. Pero que sepa

  5. Usted sabe bien que el Mal no existe, carece de realidad con concepto, es sólo la ausencia del Bien, como el frío es la ausencia de calor. Las teodiceas y no sólo la de Leibnitz, discuten siempre esa realidad que, sin embargo, está presente en la experiencia. Grave problema ésta para traerlo a una columna y como me consta que usted sabe de él más que yo, ahí lo dejo. Pero que sepa me ha interesado mucho el tema y su criterio.

  6. Verdaderamente es un panorama trágico, de lo peor que ha vivido la Humanidad, excepción hecha de las dos grandes guerras y de las pestes antiguas. El Hombre no es malo: eso es un invento pesimista para justificar por la vía rápida el desconcierto que produce el Mal. Yo sé de jagm hace mucho que se preocupa con ese tema y sé que ha tenido para ayudarle a algunos grandes maestros.

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