Lo que le faltaba al presidente Griñán era tirar de malos modos y emborronar su ya debilitada figura con tan injusto e ingrato expediente. Su híspida contestación a una periodista en un rueda de prensa, que incluía una intolerable alusión familiar, da la medida de los nervios en que se mueve nuestro acorralado primer mandatario, un hombre que nunca había mostrado esa cara desagradable que, por lo visto, tenía guardada. La jactancia desde un estrado es cosa fácil. Griñán podrían guardársela, si se empeña en mantenerla, para utilizarla frente a personajes de su nivel.

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