La heredera de L’Oréal, esa millonaria francesa de 88 años que mantiene en vilo a la opinión desde hace demasiado tiempo, ha sido puesta bajo tutela de la hija que defiende con uñas y dientes su derecho a la herencia mientras le niega a su madre el de disponer de su fortuna. La tutelada había prometido largarse al extranjero y declarar la “guerra nuclear” a su hija en el caso de producirse esta decisión judicial, pero todo indica que, finalmente, habrá de aceptarla y limitarse a contemplar la gestión que su yerno haga de sus capitales, así de limitadas son las capacidades del anciano sin ley y con ella. Se acabó, pues, la sugestiva novela de la anciana millonaria que hacía de su capa un sayo del bracete de un fotógrafo mucho más joven y beneficiario ya de espléndidos regalos, como si el derecho de propiedad tuviera edad y, en consecuencia, fuera limitable por los mismos expectantes herederos que defienden tan rotundamente el derecho propio. Mala cosa, el derecho de herencia. ¿A que conocen ustedes de cerca multitud de casos en que ese derecho ha roto sin remedio familias siempre unidas? Frente a un Marx que no veía preciso eliminar la herencia confiando en que la abolición de la propiedad privada la convirtiera algún día en fruta madura, Bakunin hizo vibrar a la Primera Internacional con el argumento de que ese derecho sustituía la desigualdad natural entre los individuos por la desigualdad artificial de clase, algo que Babeuf había entrevisto ya antes de que le cortaran la cabeza y que seguiría haciendo ruido durante decenios, como es natural, sin grandes resultados. En España acabamos de vivir un astracán similar resuelto, ciertamente, con mayor habilidad por la vieja dama protagonista, pero recurriendo también, ay, a la componenda que implica la renuncia a su derecho genuino. Sé que hay que defender a los hijos frentes a la eventual prodigalidad de los padres pero, díganme, ¿y quién defiende a los padres de la rapacidad tantas veces clamorosa de los hijos?

Dicen que Lilliane Bettencourt padece una “demencia mixta” y un Alzheimer “moderadamente severo”, pero yo lo que creo es que tiene demasiada pasta y excesivas ganas de vivir, dos inquietantes capacidades vistas a ojo de buitre. Si malviviera en una residencia privada de su talonario, seguro que esos herederos dejaban en paz a la jueza y a la opinión pública, y hasta es posible que le agradecieran al romeo de mamá sus visitas y su compaña. La herencia es un mal asunto, un mal necesario tal vez, pero jodido. Veo la cara de esa anciana surcada por los años y no encuentro el modo de darle a la hija (y al yerno) la parte de razón que, por lo visto, les asiste.

3 Comentarios

  1. No sé si saben ustedes que se ha constituido una asociación para «DEFENDER» a los padres ancianos frente a los hijos que reclaman su «legítima» forzándoles a vender sus propias viviendas. La herencia es un mal asunto: lleva razón gm también en este punto.

  2. Apúntese un sobresaliente por ese comentario sobre las riuturas familiares que provocan las herencias. He sufrido alguna y sé de qué hablo. Pero estpy seguro de que la mayoría de ustedes también lo saben por experiencia propia o próxima.

  3. Diga Usted que sí, don José António, que si el cachorro tanto se preocupa por la herencia, no será para regalarla!
    Besos a todos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.