Una vez más se demuestra que en el planeta político-profesional la idea de prescindir de todo cargo público procesado no es más que un  camelo. Ahí está doña Susana respaldando a brazo partido al Presidente de la Diputación de Huelva, Ignacio Caraballo, imputado en un caso, realmente vergonzoso, de soborno perpetrado en colaboración con CCOO. Los compromisos de rearme moral frente a la corrupción no son, salvo excepciones, más que fintas para ganar tiempo por parte de unos profesionales que no están dispuestos a arriesgar sus cargos. La cuestión es si un electorado se merece que jueguen con él de esa manera, pero la evidencia es que los propósitos de intolerancia con las corrupciones por parte de los partidos no son sino trucos ante el fotógrafo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.