Llevamos un tiempo injustamente zaheridos por la constante alusión mediática a los violadores “sevillanos” del “caso Manada”. Y ahora seremos pasto de informativos y tertulias durante una temporada con motivo del macrojuicio de los ERE. Una pena y una injusticia, que deben estimularnos colectiva (¡e institucionalmente!) a repensar con calma ciertas actitudes y, por supuesto también a superar esa “mala fama” que nos persigue como comunidad desde hace siglos. No hay juicio “esencialista” bueno ni cierto, y Andalucía debe sacudirse ese sambenito, entre “simpático” y despectivo, con que nos agravian quienes nos desconocen, qué duda cabe que, en ocasiones –a la vista está– con la colaboración necesaria de algunos ciudadanos. Una pena, repito, en cuyo remedio debemos confiar, entre todos y orgullosos, sin bajar la guardia.

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