Como no hay mal que por bien no venga, o eso dicen, a Chaves le ha valido el revolcón de la sentencia judicial para eclipsar al menos dos noticiones bien  incómodos. Uno, la muerte de la desdichada “madre de Iván y Sara”, perseguida hasta la tumba por la soberbia inquina una Junta que dilapida diariamente cientos de mieles de euros en propaganda, muerta sin alcanzar –a pesar de sus diez sentencias favorables y hasta del compromiso inicial de la consejera Navarro– la indemnización que le concedió la Justicia que culpaba a la burocracia de su “largo y tortuoso calvario”. Otro, que la visita de Gadafi, con sus taimas y vírgenes custodias, no era de cortesía sino interesada en conseguir que Chaves le otorgara lo que, casi al mismo tiempo, oh casualidad, acabada de concederle a la exigencia patronal-sindical, valga la virtuosa y rentable contradicción, es decir, la burla discreta de la flamante ley a base de “flexibilizar”, ya me entienden, el POTA de la discordia.

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