Esta vez la matraca de la corrupción resuena por el lado del PSOE y sus aliados radicales y antisistema. Todo es presunto, claro está, pero ahí está otra vez el clamor de una ciudadanía que no puede entender –¡o que acaso empieza a asumir resignada! —la incapacidad de los partidos políticos a la hora de cortar por lo sano esa delincuencia al parecer crónica. Se trata, una vez más, del tejemaneje de los “enchufes”, del festín ofrecido a los “clientes” por quienes ostentan –¿o detentan?—un poder que hace lo que sea con tal de mantenerse. Hoy en Huelva como antes en tantos lugares, desde la Derecha o desde la Izquierda, incluso entre los Savonarlas recién llegados para salvarnos de los viejos males. Nada será peor para la democracia que prospere esa idea de la inevitabilidad de la corrupción.

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