Mal empieza el año con las cuarenta y tantas ejecuciones llevadas a cabo en Arabia Saudí. Horrorizan los videos que circulan por la Red. El de un verdugo vestido por completo de un blanco impoluto que cercena de un tajo hábil la cabeza de su víctima casi al tiempo que salta hacia atrás para evitar que la sangre vertida le salpique la chilaba. El que muestra a varios cuerpos colgados por el cuello en un cable mantenido en tensión por dos grúas. Mal empieza el año. Uno de los ultimados es un clérigo chií enemigo de los Saud que reinan en el país lo que ha provocado un huracán de protestas que llega desde Irán al lejano Oriente e incluso, admírense, por una vez, la enérgica protesta de la Unión Europea, consciente de que la ruptura del frágil equilibrio diplomático restaurado hace poco entre Arabia e Irán compromete gravemente la situación de conflicto en toda la región. Pero Arabia no se inmuta sabiendo como sabe que tras ella están los Estados Unidos y no pocos países atraillados por su petróleo. El mismo rey Juan Carlos paseaba no hace mucho de la mano –literalmente—del monarca saudí, el mismo que un día regaló a Bush hijo un enorme alfanje. ¿Cabe pensar que quienes han decidido esa atroz matanza no contemplaban las inevitables consecuencias que habría de tener sobre un conflicto que amenaza cada día de modo más próximo la propia paz mundial? ¡Qué salto atrás el del verdugo, qué indecente e inmunda la naturalidad con que, inmediata pero serenamente, limpia el arma con un paño prevenido! La escena retrata el demencial momento que vivimos. Ellos y nosotros.
Decapitaciones, ahorcamientos, degüellos, lapidaciones, públicas y crueles azotainas para alimentar el imaginario maligno, la frecuente cara oscura del hombre. ¿Y qué será ahora de Siria, o de Irak, o de Afganistán incluso, con los transjordanos asesinando en Israel y éste bombardeando inocentes, con Hizbulá –¡“el partido de Dios”!—campando por sus respetos en Líbano y los saudíes masacrando (2015 ya fue una carnicería en el país) mientras comercian con la flor y nata de Occidente e incluso –eso dicen—financian, junto con Irán, a alguno de nuestros partidos? ¿Será que la civilización ha encallado definitivamente, o acaso que la paz no es rentable para la mayoría de los mentados? Lo cierto es que el año empieza mal, ensangrentando este invierno que no acaba de llegar y cebando el explosivo bajo nuestros pies. La vida no vale un pito ya. Ni en Arabia ni en ninguna parte.

2 Comentarios

  1. Pesimista empieza el año, don josian, y usted no suele venirse abajo así como así. No le niego que la cosa está fea, eso tampoco, pero le pido un ánimo, algo, para que cada mañana no nos vengamos abajo los demás.

  2. Mal comienzo sí, pero ya sabe que malos comienzos quieren los gitanos. Otra cosa es que aquí tras el mal comienzo se prevé una mala continuación, o eso parecen indicar las circunstancias y el hecho de contar con los peores políticos que haya tenido esta democracia. Confíe cada el provenir uno a sus dioses.

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