Inquietante comparación entre el pueblo egipcio y el español la que ha hecho desde el PP, González Pons: “Habéis visto a Egipto. El pueblo, cuando quiere, puede. Y el pueblo español, quiere”, ha dicho sin pensárselo dos veces. O la de Chaves. “Todos somos egipcios”. Malas comparaciones, yo diría que insensatas, no sólo por las abismales diferencias entre nuestras sociedades, sino por el hecho mismo de que la, por el momento, exitosa “revolución” contra la dictadura, puede inspirarnos toda la simpatía que queramos (de hecho, ha sido saludada universalmente y casi sin excepción) pero no deja implicar riesgos de enorme envergadura a medio plazo, incluso si el proceso de transición controlado por los militares sale aceptablemente bien. ¿O es que cabe aplaudir sin reservas un movimiento que compromete seriamente el equilibrio en toda su región y, más allá, eventualmente, el del mundo entero? Es normal y está justificada de sobra la rebelión de las masas contra la tiranía perpetua pero hay que admitir que esa revolución se está haciendo a ciegas, es decir, sin que nadie, en ningún país, las tenga todas consigo sobre un futuro que no aparece nada claro más allá de la explicable y simpática euforia despertada por los rebeldes. Ahí están, sentados en primer plano en la mesa de negociación, esos Hermanos Musulmanes sobre quienes, al margen de especulaciones sobre su eventual adaptación a la democracia, no hay más que motivos de inquietud. No defienden la continuidad de la dictadura quienes plantean el peligro de una salida en falso desde el “régimen” hasta una circunstancia impredecible, en la que la sombra del extremismo islamista no es ninguna elucubración. Por eso no hay parangón posible –ni siquiera metafórico—entre la realidad egipcia y la española. La discreción no es ningún lujo sino una necesidad elemental en la vida política. Ignorar esto es jugar con fuego dialéctico.

 

Y más si cabe considerando que el acontecimiento egipcio no es separable del vasto movimiento, sin duda de trasfondo islamista, por más que, de momento, se limite a una reivindicación democrática. ¿Dirán lo mismo Pons y Chaves si mañana es Argelia la que “quiere” y pasado lo es Marruecos? Seguramente no, por descontado, pero más vale no iniciar la pieza si no se tiene claro el baile. Los egipcios han reclamado y conseguido un cambio imprescindible y legítimo que nada tiene que ver con la alternancia que puedan desear los españoles. Pero nada de nada, vamos. Aparte de que jugar con ese falso parecido emocional no puede ser más que una trampa consciente. Los tramposos saben, seguro, que su juego de palabras carece de sentido.

6 Comentarios

  1. Unos comentarios sin sentido, por supuesto, y que al inlcuirlos en un mismo nivel prueba la equidistancia moral del articulista. Estos tíos se apuntan a un terremoto con tal de sacar tajada, incluso si tienen que aventurar criterios tan peligrosos y absurdos como estos.

  2. A los políticos nos molestan las críticas que se nos hacen. No pensamos por lo general que nos las merecemos. Hay casos, sin emabrgo, como el que sirve de motivo al columnista (de quien suelo discrepar), que justifican cualquier cosa que se quiera decir sobre nuestra frecuente arbitrariedad. Por lo general, gz. marín escribe con tino, despelleja a quien cree que lo merece (yo no le atribuyo mala fe sino cierto «entusiasmo crítico»), pero no se le puede reprochar nada más, aparte de que su cultura ya justifica que se lean sus cosas. Hoy le da a los dos bandos, con imparcialidad. Sería de desear que lo haga con más frecuencia.

  3. Comentarios oportunistas sin más valor. Hablan como cotorras, dicen lo primero que se les viene a la boca y creen que les viene bien a sus intereses. Panda de mediocres insensatos. Dios nos libre.

  4. La equidistancia de ja está más que clara en los muchos años que hace que le sigo, Sr. Político, lo que ocurre es que siempre es más criticable el poder que la oposición por la sencilla razón de que desde allí es donde se generan los abusos.

  5. Nada que ver, completamente de acuierdo con ja. Egipto y toda la zona en ebullición es un volcán, peor lo que me extraña es que gente como Chaves, tan enemoradizo con los marruecos yq ue tanto dineros les ha arrimado según cuentan, se apunte ahora a la revolución norteafricana. Estos señores no tienen sentido común y, al contrario que a míster Político, lejos de sorprenderme, me reafirama en mi respeto por jagm esta ueva demostración de indepenciencia de criterio.

  6. Lo que a algunos nos preocupa es que estemos en manos de personajes como los mencionados, que se retratan a sí mismos en esas frases insensatas. Un país en manos de este ejército improvisado de gestores es un país que va a la ruina, pero que, además, peude dirigirse a la catástrofe.

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