Se respira en Andalucía un ambiente medroso. Sanitarios y enseñantes reclaman protección frente a la creciente agresividad que los aflige; los padres piden detener el también progresivo mal rollito escolar que se encarniza con no pocos niños; y una mayoría social incuestionable clama contra el proyecto demagógico de anular una Ley de Prisión Perpetua Revisable que rige ya en muchos países de nuestro entorno democrático. Ayer mismo se citaban el ministro del Interior y la presidenta de la Junta para tratar del caos en que ha roto la vida pública gaditana, avasallada por el desafío de unos narcos cada día más engallados. La propia policía sostiene que faltan en aquella zona al menos 300 agentes. Sea como fuere, lo que falta es, sencillamente, la restauración de una autoridad peligrosamente venida a menos ante la pasividad del Poder.

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