En el funeral celebrado en memoria de Luis Gómez Llorente, allá por la madrileña Dehesa de la Villa, mucha gente y muy diversa reflejaba en el rostro el dolor por la pérdida y el desconcierto ante el hueco que deja entre nosotros, y no sólo en la llamada “Generación del 56, quien ha sido, a pesar de los pesares, una de landes referencias morales de la socialdemocracia española, muy pronto laminada por el aparatismo del PSOE. Había un hueco en medio de la iglesia, en todo caso, y era el de la dirigencia del PSOE que resaltaba la propia presencia de viejos socialistas y hasta algún ucedeo que no han olvidado la entereza de su moral y la consecuencia con que siempre actuó en la vida política. Los partidos, los de izquierda en este caso, no quieren, por lo general, a militantes y menos a dirigentes que mantengan intacta su esqueleto moral y su musculatura utópica, ni siquiera en casos como el de Luis cuyo “gradualismo” ha sido invocado en no pocas ocasiones, desde el respeto más absoluto, por quienes lo conocieron a fondo. Hace muchos años me llamó un día para conocer la causa por la que yo había renunciado a hacer la recensión de su “Historia del Socialismo” que a mi vehemencia juvenil le resultaba algo superficial, y no recuerdo mayor tacto y señorío que el que empleó para discutir conmigo mis razones y las suyas. Al final de conversación me regaló un todo del entonces famoso tratado de Cole que él sabía que yo había extraviado, muy probablemente a costa de la integridad de su propia edición. Llorente era un hombre bueno y un gran sabedor al que desde el primer instante de la democracia vimos como se le quedaba estrecho el corpiño pragmático de un partido que, ya de salida, evidenciaba como única estrategia el posibilismo electoralista. Y Luis, que era un espíritu abierto pero íntegro mantuvo el tipo sin descomponerse, parapetado tras el humo de su pipa y señero en la gravedad empática de propio continente.

López Pina ha recordado hace bien poco en su ensayo sobre aquella Generación, su conciencia de huérfano de todo liderazgo ideológico y su lamento ante la oquedad de esta izquierda, lo mismo el poder que en la oposición, el planto por el fracaso de la utopía y su sustitución por los posibilismos, que son muchos. Yo lo recuerdo siempre vivo, un punto taciturno, dispuesto a cualquier cosa menos a renunciar a sus principios. No había ningún gerifalte de hogaño en sus exequias. Era, me parece, lo más normal.

8 Comentarios

  1. La honradez está reñida con la política. Llorente deja un vacío moral que no percibirán siquiera los monigotes que manejan la herencia del socialismo.

  2. Luis Gómez Llorente era la «reserva moral» de esta socialdemocracia posibilista y tramposa, por no calificarla con peores adjetivos. Es normal que los dirigentes no quieran saber nada de él o al menos a mí no me extrañado. No caben éticos militantes en esta turba de «profesionales». Luis ha vivido en silencio relativo. Es su muerte la clama ahora.

  3. Un socialista aparte, un hombre honrado. Por eso lo quitaron de enmedio los Guerra y los González. Me consta que sufrió mucho a causa de la actuación del PSOE en el Poder, pero supo mantener un silencio estruendoso sin dejar de aconsejar en sus numerosos trabajos publicados. Pérdida irreparable, aunque para la dirigencia del partido no merezca siquiera unas exequias dignas.

  4. En política (en esta al menos) quien no traga no dura. Gómez Llorente se desmarcó pronto y fue ayudado a desmarcarse con entusiasmo por aquel pirmer PSOE organizado deprisa y corriendo a la muerte de Franco.No entiendo bien por qué a jagm no le gustaba su Historia del socialismo que en aquellos tiempos leímos muchos.

  5. Esos «seniors» del 56, como los llama gómez marín, es decir los Bustelo, Pablo Castellanos y demás fueron rechazados por el nuevo «escalafón». Les deba a estos corte de la distancia de ellos a la que los colocaba su antigüedad (sus vacaciones, decía Tamames). Pero en el fondo lo que los provocaba era la fidelidad de aquellos a los principios de toda la vida que no se pararon a reformar sino que se limitaron a abandonar en el Congreso famoso. Hoy de esos pricipios no queda nada. Aquí no hay ya más que oportunistas que están a la que salta.

  6. Nunca me fie del PSOE de los sevillanos, esos freudianos que sacrificaron a los padres para hacerse con la herencia. Los Llorente y compañía resultaron, como era lo lógico, incompatibles con ellos.

  7. Me uno con un día de retraso a estos comentarios.Luis fue un ejemplo para todos y le pagaraon como a tods los que son ejemplares. ¿No oyen este estruendoso silencio en torno a su muerte? Gracias a jagm por rrcordarlo con claridad y valentía.

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