Los testigos “clave” del saqueo de los ERE están proyectando en la Sala una luz muy distinta a la emitida hasta ahora por los altos cargos comparecientes. Una densa luz negra que remarca el dudoso perfil de aquellos manijeros que, según estos funcionarios, entraron a saco en los archivos para “reconstruir” unos expedientes que traslucían incluso la inconcebible presencia de prejubilados falsos. Pocas dudas caben sobre la realidad de aquella operación de “fin de semana”, de nuevo confirmada, en la que sólo Dios sabe qué pasó y qué dejó de ocurrir, y que ahora tendrá que valorar el Tribunal. Mal asunto, sin duda. El problema de las defensas en este “caso” es que las evidencias desbordan cualquier disimulo, porque si se dan por buenas las razones de esos testigos, la suerte parece echada. A lo peor no es el “Gürtel” el último de la fila.

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