Va dejando ya de ser noticia en USA la subasta de enseres de famosos. Hemos visto en almoneda desde las bragas de Marylin hasta la gabardina de Bogart, pasando por epistolarios más o menos confidenciales, barras de labio usadas y estilográficas de novelistas famosos. Las casas de subasta se han aferrado al negocio del fetiche, en especial desde que la crisis han encogido las faltriqueras, ni que decir tiene que porque quienes pujan en aquellas valoran más el fetiche mismo que la cosa subastada. Acaba de liquidarse en el hotel Sheraton de Nueva York el botín requisado en casa de los Madoff –esos grandes estafadores de la “upper class”–, doscientos lotes de objetos de uso personalísimo pertenecientes al matrimonio por los que se pedía de salida la mitad de lo finalmente recadado, casi 950.000 dólares en números redondos. He curioseado el detalle de la puja hasta comprobar la hipótesis del instinto fetiche, claramente demostrada por hechos tan significativos como que un bolso valorado en 120 dólares fuera adquirido en 2.800, que las planchas de surf del magnate superaran los modestos 80 euritos de salida hasta alcanzar los 1.000 o que el salvavidas –el símbolo no necesita comentario—de su yate privado fuera adjudicado en 7.500 dólares habiendo partido de 160, una miseria. Un objeto ha brillado en medio del tesoro doméstico: el blusón o chamarra de satín azul que usaba el estafador, que se ofreció en 500 euros y fue adquirido por algún fanático en 14.500. Sólo unos zarcillos de diamantes pertenecientes al joyero de la esposa han roto esa tendencia al rematarse en cifra muy superior a la estimada, concretamente en 70.000 euros respecto de las 14.000 de salida. Se ve que, incluso por encima del fetichismo, todavía hay valores seguros en el mercado. Los diamantes, por ejemplo.

Bien sabemos la distancia que suele haber entre precio y valor, incluso sin necesidad de empaparnos en el análisis milimétrico que realizó Marx ni quedarnos en el aforismo machadiano que nada menos que tildaba de necios a quienes no la reconocieran. Y sin embargo, el sábado quedó claro una vez más que esa diferencia, cuya clara visión empaña la sugestión mágica, se mantiene diáfana y a nadie engaña cuando el objeto o mercancía tiene seguro su lugar en el mercado. Los noveleros pueden picar hasta echar el resto para agenciarse el contacto imaginario –pura ilusión mágica—con el dueño famoso, pero todo ese cuento se acaba cuando lo que se ofrece desde el ambón son unos cotizados diamantes. Craxi, un sociata, atesoraba su fortuna en lingotes de oro después de pasarse la vida recitando a Gramsci.

14 Comentarios

  1. El fetichismo es una tendencia generalizada. Alos toreros les arrancan los adornos del traje cuando van a hombros, a las Vírgenes les quitan los claveles del «paso» los fieles devotos, en las bodas hay tiros por el ramo de la novia. En esto los americanos lo único que hacen es comercializar la tendencia. Muy bien tratado el tema, con la cultura y sensiblidad de siempre.

  2. El hombre es animal fetichista, casi universalmente. Ése rasgo íntimo del psiquismo (dice Mauro) nos diferencia del bruto, que no vislumbra el «contacto» mágico. Hay un fetichismo asqueroso, otro idiota, otro… Pero el espíritu más fino entiende que se guarde una carta o un libro dedicado por un autor, o que perteneció al padre o al amigo perdidos. No hay que despdeciar ese tirón, que tiene razones muy complejas.

  3. Me quedo con el collar que tanto entusiasmó a la Audrey Hepburn. La muy canija, qué forma de sonreir, qué dulce flexibilidad de talle. Mmmmm. Sería su mr. Higgins por los siglos de los saeculorum.

  4. Vuelve al tema don jagm, se ve que le interesa.El fetichosm o es interesante, desde luego, pero estas exhibiciones tan burdas (que no son exclusivas de los americanos, conste) produden estupor cuando no vergüenza ajena.

  5. Calderilla…

    ¿Saben que el nicho bajo el cual reposan los restos de Marilyn se ha vendió en subasta por más de cuatro millones de dólares?
    ¿Saben que el imbécil, que en paz descanse, que lo compró no pudo nunca disfrutar del eterno descanso sobre su adorada diva porque su avispada viuda incineró el cadáver para vender el preciado nicho?
    Parece que sólo el dinero es capaz de poner en valor la gilipollez humana.

  6. Ausente un tiempo por razones académicas, a mi vuelta a Babilonia me encuentro con la historia de que hoy se ocupa ja en la prensa de aquí. He leído una lista de objetois inimaginable que no les reproduzco peo que pueden imaginar: sólo faltan las zapatillas, usadas, claro. Pero alguien ha dicho antes que el fetichismo no es manía yanqui sino condíción humana. Un compi mñío de la adolescencia coleccoionaba pendientes de sus empleadas de hogar, que entonces se llamaban criadas, y aún reuerdo las lágrimas de alguna lamentando la pérdida de su zarcillito. Me sé otras pero no los diré. Compréndame.

  7. Se le ve el plumero a una legua. Me gustaría saber a qué viene la acusación (indemostrada) a Braxi, un socialista claro está, que usted respira siempre por la misma herida. Como estos babosos de su parroquia no se lo iban a decir se lo digo yo y ahora que me arrastren si quieren.

  8. En el telediario escucho la noticia de otra subasta, sección artístas de cine, también en Nueva York. De acxuerdo completamnete con la tesis del instinto fetiche. ¿Qué son las reliquias, de cuyo comercio gm ha hablado aquí varias veces? ¿Y qué es esa carta guardada, ese pañuelo conservado, ese sillón del padre que alguien conserva en casa? Hay un cuasifetichismo nostálgico, senitmental, y otro enfermizo. El bobo que ha pujado hasta rematar esa chamarreta del estafador pertenece, obvio es decirlo, a esta última modalidad.

  9. Hace pensar la dichosa columna. ¿A quien no le gustaría un «recuerdo» de alguien admirado? Ahora que pujar de esa manera por meros cacharros y prenas ussadas raya en lo psiquiátrico. Muy de acuerdo con las opiniones expresadas, salvo con la algún extraterrestre.

  10. Bocca della Veritá ¿A que yo no me convertiré en un retorcido como Dos Neuronas?
    ¿Qué meta mi patita yo también? Noooo, nene bueno, nene guapo….

    ¡¡Muuuuun rííiiiiiveeer, güáaaaaider dan a maaaiiiil….

    Brrrrr, la noche será fresquita.
    Tiiiiuu,….tiiiiuuu

  11. Y luego hablarán de los diez mil pedazos de la Santa Crux que sobrarían para hacer un bajel.
    No me lo puedo creer! Esa palabra de «gilipollez» de don Griyo no me gusta y sin embargo no hay otra. Te esquilman, te roban, te apalean y tó, tonto , estupido, vas y pides más a gritos, con risas y haciéndole fiestas al ladrón. Nos merecemos cualquier cosa que se nos venga encima!
    Un beso a todos.

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