La alcaldesa de Pinto, como la que hace un homenaje a su colega de Móstoles, ha decidido cambiar los nombres de las calles bautizadas por el PSOE con nombres de políticos para nombrarlas, en su lugar, con los de músicos y compositores. La que llevaba la gracia del presidente Glez., por ejemplo, pasará a llamarse Albéniz, quién sabe si como un guiño a los mal avenidos Sarkozy, pero de esa falla incruenta no se ha librado ni el mismísimo Aznar. Es la interminable guerra del nomenclator, la batalla constante del callejero que, como alguna vez se ha señalado, podría constituir una de las fuentes más claras a la hora de contemplar el rostro cambiante y no poco convulso de nuestro pasado colectivo. La Gran Vía madrileña, inmortalizada por la zarzuela y todo, ha llevado sucesivamente, si no me olvido de alguno, cinco nombres por lo menos, sin contar sus primitivas rotulaciones parciales, y contando sólo los posteriores a la guerra civil: se llamó primero, en efecto, ‘CNT’, luego ‘Avenida de Rusia’, más tarde ‘Avenida de la Unión Soviética’, bajo el franquismo “Avenida de José Antonio’ y, finalmente, con la democracia, de nuevo ‘Gran Vía’ que es como, en cualquier caso, jamás dejaron de designarla ‘gatos’ y ‘manuelas’. Una curiosidad: al estallar aquella guerra, el Ayuntamiento capitalino mudó los rótulos de 200 calles, al finalizar la contienda, los de 125, y con la democracia sólo 27, aplicándose en este último caso el razonable criterio que proponía cambiar exclusivamente las designaciones que, a su vez, fueran mudadas por la dictadura pero no las de nueva planta que bajo ella surgieron, lo que determinó que los altos de la Castellana, sin ir más lejos, siguieran llamándose durante años ‘Avenida del Generalísimo’. En los cambios del callejero influye, en ocasiones, el buen sentido o el simple decoro, como cuando la ‘calle del Burro’ pasó a llamarse en Sevilla nada menos que ‘Alfonso X el Sabio’ o en Madrid, primero ‘Padilla’ y luego ‘de la Colegiata’, pero por lo general, esas mudanzas responden más bien a la inquina y el espíritu de revancha tal vez inevitable en la vida de los pueblos. La alcaldesa de Pinto quizá no se ha dado ni cuenta de que ha descubierto esa pólvora mojada en la santabárbara del subconsciente.
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Los memoriosos de la hecatombe fratricida andan contribuyendo, por su parte, a enconar estos conflictos nominales, muchas veces cargados de razón y otras a rastras de una incierta irresponsabilidad. En Jerez ha habido recientemente su mijita de bronca con motivo de la restauración del monumento ecuestre al dictador Primo de Rivera, un gesto que hubieran aplaudido Unamuno o Valle-Inclán, seguro, pero que no está de más que contrastemos con casos famosos como es el de que Cronwell el regicida presida el Parlamento de Westminster o el de que Danton se erija dominante en pleno Saint Germain y no lejos de Cluny. La reyerta callejera sugiere, por lo general, falta de (in) formación histórica cuando no puro despiste frente al pasado, y tengo observado que es menos intensa y constante en los países de cultura más sólida, y al contrario, que se agita más y mejor en aquellos que consumen sus energías en el rifirrafe retrospectivo. A mí, en confianza, el gesto de cambiar nombres de políticos por nombres de músicos me mola cantidad, sin que deje de inquietarme, sin embargo, por lo que pueda tener de rencoroso ese nemotécnico tejer y destejer, ese quitaypón recurrente incapaz de asumir que el pasado de los pueblos no es purificable sino que precisa ser asumido en su totalidad en nombre de la concordia. A muchos nos revuelve las tripas tropezarnos todavía con esos símbolos franquistas que el Gobierno anuncia que va a eliminar por ley, lo que no quiere decir que nos agrade contemplar estos inacabables trajines, fieles reflejo de una convivencia banderiza. En Pinto y en Valdemoro, por supuesto, eso  ni se plantea.

17 Comentarios

  1. Primero: gracias inmensas a don Lépido el tímido por la información. Todavía no he puesto en práctica su información pero no dudo que sea milagrosa!

    Segundo: Pués a mí me parece prematuro dar nombre de gente viva por aquello de que a menudo no tenemos la necesaria distanciación para valorar al individuo. Si fuera alcalde evitaría los nombres de políticos, pero de existir no los borraría.¿Por qu” borrar los símbolos franquistas?
    Acaso no son símbolos de una época de la historia de España? Y si se quiere que un pueblo haga las paces y todos se avengan a dejar el pasado atrás y a mirar hacia el futuro, pués supongo que ambos “bandos” tendrán que aceptar denominaciones de calles enojosos para sus opiniones.Lo de eliminar por ley los símbolos franquistas me suena a “du passé faisons table rase”, una estupidez como una casa propia de ignorantes enaltecidos.

    Tercero: Quisiera animar a doña Mendozita (con z!) y decirle que echamos su gracia de menos.

  2. Pero qué tremendista el señor Ortiz! Me acuerdo la primera vez que estuve en N.Y. ,lo triste, y desaborio que me pareció lo de los numeritos en las calles ..y luego me pensé que era natural en un país sin pasado apenas y sin cultura ninguna, porque no sabían a quien homenajear. Sin contar que es práctico porque el plano de N.Y es un aljedrez, las avenidas de un lado y las calles en ángulo recto, pero ¿cómo hacer en nuestras viejas ciudades con planos anárquicos! Un poco de mesura, por Dios!

  3. Aquí en este pueblo que vivo, -Viladecans- , le han puesto el nombre a un llamado hospital de día, nada menos que a la que fué la primera mujer ministra que ejerció dicha categoría en España y en Europa : Federica Montseny, -que por cierto llevó la cartera de sanidad-.

    Cosa impensable, que si los meapilas de CiU no hubiesen salido del gobierno de la Generalitat, se hubiese rotulado así.

  4. Pueblo andaluz hay que rotula algún paseo, ¡a estas alturas!, en homenaje a la Unión Soviética. Eso tampoco habría ocurrido con ningún partido civilizado.

  5. Quisiera añadir dos perlas a la guasita del Jefe con los nomenclátors.

    La uán: En un famoso pueblo costero malagueño, aunque no tanto como Malversa o como se diga, una no menos famosa cantatriz actualmente muy en el candelabro hizo una inversión que luego le salió rana: adquirió un hermoso ático que mantiene y montó, con todas las bendiciones municipales un par negocios que fueron ruinosos. Pero por entonces, tal vez con el ánimo de que fuera ‘imagen de’, la señora alcaldesa -que lo sigue siendo- le hizo varios rendez-vous: dio el pregón de fiestas desde el balcón del ayuntamiento y le fue dedicada una glorieta en un prestigioso lugar, a la que puso el nombre de la tonadillera. No sé si algún bromista ha colocado debajo del nombre de la famosa los tres fotomatones que le hicieron en el trullo y que han visto la luz pública.

    La chú: En un menos famoso pueblo huelvano, ppero que muy pepero, durante un par de mandatos hubo alcalde de los de rosa en ristre y puño en astillero. Renombró algunas rúas, sembró a voleo nombres como Alberti y algún otro de la cáscara amarga, pero en una de las más céntricas calles mantuvo el nombre de Marqués de Estella, que no era otro señor que el padre del Ausente y a quien el Anfi nombra como jerezana estatua ecuestre. Estoy segura de que nadie se preocupó entonces de averiguar quien fuera el tal marqués. Curiosamente, ha sido un nuevo alcalde pepero el que le ha cambiado el rótulo poniéndole el del que fue cacique, beato y solterón, pero cacique que era dueño de la mitad al menos del entorno rural de dicho pueblito.

    Vivir para ver.

    (Envíos:
    A doña Mendozina en nombre de muchos que callan, nuestra solidaridad y cariño.
    A madame Marthe, con el agradecimiento de cuantos admiramos la calidez que derrocha y su dominio perfecto de nuestra maltratada -aquí- hermosa lengua española.)

  6. Y en otro pueblo onubense, regido por el PSOE, le han levantado monumento a esa niña vomitable que cantaba aquello de “Antes muerta que sencilla”. ¿Qué le parece Calandria?

  7. Tejer y destejer: eso es la España, su historia. Una pena. Ha dicho bien alguien –¡una francesa tenía que ser!– que hay que asumir el pasado. Quizá habría que matizar la propuesta pero el fondo va a misa. ¿Y qué puedo yo decir en este caso?

  8. Los mismos de la “memoria histórica” beligerante son los que borran la memoria histórica. ¿Paradoja? No demasiado considerando la historia de España, que el señor Cura acaba de definir en plan Homero con tanto tino.

  9. Nada más insulto que los callejeros de esta democracia con sifón: albertis, lorcas y juanramones a gogó, para un pueblo que no lee ni el periódico. Yo he visto algunas barriadas en Madrid o en Sevilla, por todas partes, que hacen sonreir pensando en los pocos ciudadanos que conocerán a estos homenajeados.

  10. Lo del marqués de Estella, querida Calandria, podría ir dirigido incluso al hijo del dictador, al Ausente, que heredó el título en su día, como sabe sin duda. O sea que todavía más divertida su estupenda anécdota.

  11. Pena, mi don Prof porque sería genial, pero la rotularon así, allá por el 25 ó el 26 del pasado siglo. Luego pusieron rótulo de J.A. P. de R. a otra rúa de más importancia aún.

  12. Total acuerdo en la mayor y en las menores, don ja, así como con algunos divertidos comentarios. Lo raro es que con tanto penelopismo no nos hayamos disuelto, pero puede que todo se acabe andando a la vista de lo visto.

  13. Una cuerda idea fue la reponer los nombres antiguos y tradiconales de las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, en su mayoría referidos a la convivencia –de la Fuente, Arriba y Abajo, de las Ánimas, de los Melancólicos, del Arrabal… Lástima que estos apesebrados no sean capaces de entender la belleza que encierra la tradición cuando no es simple retrogradismo.

  14. ¿Por qué le llaman El Ausente a José Antonio Primo de Rivera, Marqués de la Estrella? (¡Qué magnífico nombre!)

  15. Doctores tiene el blog, madame, que se lo pueden explicar mil veces mejor. Pero mi impulsividad casi no tiene límites.

    J. Antº P. de R. fue fusilado, incluso sin el ‘enterado’ del gobierno en la prisión de Alicante el 20-N de 1936. Hay todo un mundo de fábulas rodeando a esa muerte: intentos de intercambio de prisioneros, intereses del generalato golpista -incluso parece que del que, mes y medio antes, había sido nombrado jefe de estado- y sobre todo la duda interesada y propagada de si aquella ejecución se había producido o no. Era preferible que la organización fundada por él, Falange, permaneciera ‘in dubio’, a que se considerara formalmente descabezada e intentara una recomposición de su jerarquía.

    En cuanto al título que ostentaba el Ausente, heredado a la muerte del marqués padre, solo unas semanas después de concluir su dictadura aceptada por un rey felón que debía haber permanecido fiel a la Constitución por la que nació rey, era el de marqués de Estella, sin ‘r’ tras la ‘t’, supongo que haciendo referencia a la localidad navarra de florida historia que lleva ese nombre. Los anexionistas-imperialistas del paisito vecino la llaman Lizarra, en ese bufonesco seudoidioma que se han inventado, basado en no más de doscientas voces conservadas durante siglos y a las que el loco Arana pretendió aplicar un corpus de reglas lingüísticas poco menos que inventadas sobre la marcha.

  16. Gracias por la explicación. Casi todo lo sabía pero sigo sin comprender bien lo de “El Ausente”., por antonomasia, pero ddebo de ser algo cerrada de mollera.

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