Un nuevo libro sobre Goya, debido nada menos que al maestro Todorov, acaba de replantear la eterna cuestión de la poliédrica Ilustración española. No es la primera vez, ciertamente, que el perfil de Goya –tan equívoco en su rotunda sinceridad—intriga a propios y extraños, siempre a propósito de la tensión interna que muestra una obra que, siendo hija evidente de las “Luces” y de la Revolución, no esconde su recurso condicionado al mismo espíritu que se trataba de ir mudando. Que Goya sugiere esa confusión es algo que hace años entrevieron, entre otros, ojos tan distintos como los de Gaspar Gómez de la Serna o Edith Helman, conscientes todos en que nuestro pintor máximo fue un “ilustrado” al que el espectáculo de la brutalidad forzó a tentarse la ropa convencido de que la sugestión revolucionaria podría acabar siendo tan peligrosa como el mal que trataba de evitar. Otro habría sido Goya, sin duda, sin la ocupación francesa y los consiguientes horrores de la guerra que le permitieron contemplar las dos caras de la locura humana y concluir, como ahora hace Todorov, que tan fácil resulta, en definitiva, matar en nombre de Dios como hacerlo en nombre de los derechos humanos. Puede incluso que, comparado con los prohombres de nuestro XVIII (los Jovellanos, Meléndez, Macanaz, Olavide, etc.), Goya muestre bajo el pintor un espíritu conmovido que piensa desgarradamente en conciliar lo inconciliable, a saber, la bondad creadora del ser humano y su esperpéntico salvajismo, contradicción que él supo ilustrar con los innumerables comentarios con que ironizó sobre sus propias imágenes. Lo que no sé es si Todorov es consciente de que esa tensión no fue exclusiva de Goya sino común a la mayoría de los talentos “ilustrados”, muchos de los cuales –y no necesariamente alineados en el bando tradicionalista—sintieron gravitar sobre ellos esa doble tentación. La pintura de Goya es un libro abierto cuya relectura nos propone ahora de nuevo un estudioso convencido de que la pintura puede constituir, además, de un ejercicio estético, una aventura intelectual.

 

Hay una distancia insalvable entre el “Guernica” y “Los desastres de la guerra”, y un aviso memorable en la leyenda del “Capricho” número 43, la que asegura que “el sueño de la Razón produce monstruos”. Y hay que agradecer a Todorov que se las averigüe para evidenciarlo, con el argumento de que Goya asumía el proyecto liberador y progresista de las “Luces” pero se vio obligado a entrillarlo ante el rigor del seísmo revolucionario. Goya visto desde fuera, España en el objetivo, nuestra historia al retortero. Pensar nuestro pasado es, en definitiva, revisar nuestra identidad.

5 Comentarios

  1. Interesante avence de lo que será sin duda una gran obra. Todorov fue un mito para nuestra generación y me alebgra ver que él sigue en la brecha y gente como jagm le siguen la pista. En cuanto a Goya, huelga decir que esa obra es un pozo sin fondo, sin enteder la cual nuestra comprensión de la Ilustración española será siempre incompleta.

  2. No he leído el libro de Todorov pero trataré de hacerlo .
    Una frase del maestro me ha llamado la atención y es : “esa tensión no fue exclusiva de Goya sino común a la mayoría de los talentos “ilustrados”, muchos de los cuales –y no necesariamente alineados en el bando tradicionalista—sintieron gravitar sobre ellos esa doble tentación… a saber, la bondad creadora del ser humano y su esperpéntico salvajismo, contradicción que él supo ilustrar con los innumerables comentarios con que ironizó sobre sus propias imágenes.” Creo que eso es lo que caracteriza a todo gran hombre. Goya fue un gran pintor porque su espíritu , su alma eran grandes. Lo mismo podríamos decir de muchas figuras de la guerra civil española, y creo de todo periodo agitado en donde dos bandos, dos ideas, dos concepciones se oponen.
    Besos a todos.

  3. Rápido anduvo don ja, no en vano Todorov es una de nuestras referencias juveniles e incluso de algunas más tardías. Goya es inmenso, en efecto,y estoy deseando leer las observaciones del maestro sobre su reflexión ideológica. Aunque nunca pondrán contarnos bnada de él que no sea superado por la contemplación de una de sus maravillas. ¿Recuerdas, ja, recuerdan ustedes, la exposición que se montó (la montó Carmen Iglesias, creo, otra amiga cercana) con los Goyas desperdigados por el mundo? En ella me convencí de que tenemos dos o tres pintores en la cabeza del pelotón que la Historia ha consagrado, pero la lección crítica de su pintura me la proporciono yo mismo, a domicilio, enfrascándome en sus reproducciones. El comentario de ja, como es habitual, raro en nuestra prensa.

  4. Interesante si Todorov consiguiera perfilar ese Goya “afrancesado” que, en efecto, tantas contradicciones muestra en su obra, contradicciones que la vuelven viva y demuestran que su autor, al margen de su condición de artista, fue un español que pensó mucho y se vio atrapado entre su deseo de modernidad y la evidencia de ciertos excesos. Habrá que leer ese libro, que quizá no sea del todo nuevo en su planteamiento, pero que seguro que nos ayudará a entender mejor tanto la pintura como la circunstancia del gran maestro.

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