Estos frentes polares están poniendo en el punto de mira las políticas sociales en lo que se refiere a la protección de personas sin hogar, los famosos “sin techo”, a la gente sin oficio ni beneficio, a la que la crisis empuja con vigor hacia el desgalgadero. En Francia, el Gobierno –tras la noticia de varias muertes callejeras de indigentes sin ningún recurso– ha rondado la idea de promulgar una  ley que declarara obligatoria la acogida en los albergues de los miles de tirados en plena calle, bajo el frío helador, confortados acaso por el café o el caldo caliente que les acercan organizaciones caritativas, idea que no ha prosperado, por supuesto, en nombre de ese prurito de libertad que incluye la opción de morir congelado si así se desea. No sólo son inmigrantes, porque cada día se les suman descolgados del sistema, personas desahuciadas sin techo ni trabajo pero con una prole que alimentar, una legión que ha saturado los centros de acogida obligando al Gobierno a destinar a ese fin, por vía de emergencia, 160.000 euros que seguramente no resolverán el problema. La potente organización francesa de caridad no se ve las manos para acoger a tanto rebotado de la sociedad, como en España, ‘Cáritas’ se ve sobrepasada en sus posibilidades por la avalancha de necesidad y de miseria que se le viene encima, denunciando que no se trata de incidentes circunstanciales (una vendimia, una campaña cualquiera) sino de un fenómeno ya estructural, de la realidad de que la red de apoyo a esa población sin recursos vitales mínimos ha quedado muy por debajo de la necesidad misma. Esa gente no tiene ningún vínculo que el Sistema pueda apreciar, son “the expendables” (excedentes, sobrantes) de que habla Lenski, como ha recordado Pagola. Y a los que no cuentan, a los prescindibles, no hay que esperar que el Sistema los provea de nada. A nadie importan porque nada tienen. Me temo que vuelvan las imágenes de la Gran Depresión, con sus fogatas nocturnas, sus cadáveres arrebujados y sus zombis desconcertados. La solidaridad no es más que una palabra, el concepto secularizado de la denostada caridad. Todo ha cambiado con el tiempo menos la calamidad.

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Lenski lleva razón: sobran, están de más. Pero ni siquiera en el sentido coyuntural que se atribuye al parado, sino de un modo definitivo, sin esperanza, porque no hay ‘do ut des’ posible cuando nada se posee, aparte de la necesidad. Vamos a ver esta temporada lo que es la pobreza en plena crisis, adónde alcanza con su mano descarnada la miseria absoluta, ese ser portador de derechos grandilocuentes que se muere de frío hambriento, acurrucado en un soportal o un cajero. “The expendables”: no cabe expresión más ajustada, más estricta, más elocuente que la de ese antropólogo. Porque ni siquiera son la antítesis de esa dialéctica; son, simplemente, la excrecencia, lo que no cuenta siquiera en la estadística negativa con que el Sistema cuadra sus cuentas. Al fin y al cabo, la pobreza asistida es circunstancial y, por esa misma razón, cuenta todavía, aunque sea en el oscuro renglón del “ejército de reserva” que contribuye a nivelar los salarios y a preservar los beneficios. Pagola recuerda que el griego antiguo distinguía entre el “penés” o proletario uncido a su faena, y el “ptojos” que no tiene qué llevarse a la boca, el lumpen con una mano detrás y otra delante, personaje arrancado al chafarrinón romántico de Hugo o al rebelde protosocialismo de Zola, que cada mañana son recogidos de la calle, encajada la mandíbula, sin pulso y la sonrisa helada, por los servicios encargados de mantener el decoro público. Se ha pensado, ya digo, en esconderlos por ley aunque no se ha llegado a hacer. O se ha mirado en otra dirección, que es más cómodo. España supo mucho de pobres desde sus grandes siglos. Es probable que ahora acabe sabiendo mucho más.

4 Comentarios

  1. The expendables: gran concepto, magnífico. Gracias por trasladárnoslo. AS veces a esos expendables los queman los nenes de papá en los cajeros y los jueces les riñen mucho. Pero cada día cualquiera de nosotros los ve acurrucados en medio de la noche y sigue su camino.

  2. Columna justiciera. A sus compis columneros no les mola mucho entrar en estas despreciables materias… Por eso le agradecemos más su interés. Siempre hemos visto en este blog un abogado de causas perdidas, y eso le honra, qué duda cabe. Tam,bién nostras creemos que lo de ayer fue una “filtración” amistosa que antricipó el art. de hoy a un grupo de blogueros íntimos.

  3. Vaya crisma de Navidad anticipada, jefe, vaya tiro de sal en las conciencias. Hace bien, muchos callan porque es más cómodo y más “in”, pero la caridad y la conciencia recta no deberían ser objetos de moda.

  4. al final los pobres pobres los ricos ricos, en mente muchas buenas acciones, pero todas quedan como tinta sobre papel mojado, es decir se desvanecen. un saludo

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