Demasiados indicios permiten entrever que el nuevo Gobierno andaluz no se mueve con comodidad en el terreno desconocido que hasta ahora ocupaba Leviatán. No debe de ser fácil, para empezar, mantener enhiesto un poder con dos peanas, sobre las que se acomoda un Jano demediado, pero los tertulianos de Canal Sur explican que el retraso de los Presupuestos (de los nuestros, no de los de Sánchez) se debe al interés del nuevo Gobierno en ocultar los futuros “recortes”. Cada vez que el “régimen” caído tuvo que gobernar apoyado por un socio—con el PA, con IU, con Ciudadanos—supo delimitar espacios y marcar distancias: Valderas, conforme con el trato, nunca intentó hacerle sombra a Griñán, y Rojas-Marcos no apareció siquiera cuando rescató a Chaves de su naufragio, por no hablar de la astucia con que Marín se bandeó bajo los “ukases” de doña Susana y los manejos de los que él mismo –y él sabrá por qué– ha llamado “corruptos”.

Cada mañana, durante el desayuno, los funcionarios se cuestionan perplejos la continuidad de demasiados antiguos mandos, sin tener en cuenta que, además de pisar todavía inseguros por esos pasillos, los dos socios en el poder se ven mutuamente limitados por sus respectivas exigencias. Y la gente (la que permanece al loro, no la otra) no se explica cómo es posible que partidos que buscaban tan ansiosamente el poder, no trajeran en el bolsillo, si no el plano del tesoro, al menos el mapa de la isla soñada, como no entiende que en Canal Sur, junto a no pocos periodistas como es debido, se mantengan las mismas voces partidistas y hostiles, dirigidos por un manijero “interino” desde hace años y controlados por un Consejo igualmente inamovible.

¿Que no hay forma de cambiar ese estado de cosas, que para reformar Canal Sur hacen falta mayorías cualificadas que el “régimen” legó como cadenas a sus sucesores? Ya, pero ¿ cómo se las avió, entonces, Sánchez para darle la vuelta a la RTVE teniendo menos apoyo parlamentario que Moreno? Pues como se las ha aviado con todo lo demás: ¡a decretazo limpio! Sí, lo sé, el decreto no debe ser más que un instrumento excepcional, justificado por la urgencia o gravedad de la circunstancia. Pero ¿acaso no es grave y urgente enderezar esta “tevetrés” a la andaluza, eliminando a sus propagandistas y, ya de paso, dignificando un medio hoy lamentablemente hundido en una mediocridad insufrible? ¿Cometerá Moreno el mismo error de Rajoy al mantener un medio público que, además de económicamente prohibitivo, continúa funcionando como un altavoz del rival? Sánchez no dudó en liquidar de un decretazo ese riesgo que aquí, siguiendo una tradición conservadora largamente acreditada, un Gobierno legítimo no sabe cómo afrontar.

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