Parece que se abre camino la idea de cobrar a los aventureros imprudentes los costes de su eventual rescate. En Drôme han dado un paso más y piensan pedir responsabilidad penal a unos espeleólogos por haber puesto en peligro vidas ajenas con motivo de su búsqueda y rescate, en los que participaron, como es habitual en estos casos, cientos de bomberos, voluntarios, gendarmes y hasta helicópteros, cuyo coste final se calcula en un buen montón de miles de euros. También en España esa sorda protesta ciudadana empieza a decidir a los responsables políticos a adoptar medidas, al menos compensatorias, de manera que sean quienes por negligencia o audacia provocan las movilizaciones quienes acaben pagando las facturas correspondientes. En este sentido, ha sido Cataluña la primera comunidad en establecer la obligación del rescatado de resarcir a las Administraciones de los gastos producidos, una providencia no poco razonable a la que enseguida se han sumado Madrid y Cantabria, no sin la previsible protesta de ciertos grupos que conciben como ilimitado el derecho del ciudadano a ser asistido por los medios públicos en cualquier situación. Se piensa también en forzar a los excursionistas que puedan correr peligro en su aventura a suscribir el correspondiente seguro, generalizando una práctica hasta ahora reservada al ámbito federativo, pero hay en la protesta de Drôme un elemento nuevo y digo de tener en cuenta, a saber, el hecho de que, además de las consecuencias económicas, la resolución de situaciones de alto riesgo, como suelen ser la mayoría de las operaciones de rescate, supone riesgos gravísimos para los rescatadores. La libertad de arriesgar la propia vida no habilita a poner en riesgo la ajena. El viejo concepto de imprudencia alcanza, por fin, a estas conductas hasta ahora exentas de toda responsabilidad.

No es extraña la reacción del contribuyente cuando se entera de que importantes equipos y prohibitivas dotaciones pasan, como han pasado, diez meses buscando el cadáver de un montañero en un serrijón o que miembros de un ejército de rescatadores hayan debido jugarse la vida durante cuarenta horas a 700 metros de profundidad, incluso abriéndose camino a base de arriesgadas explosiones, para extraer de ella a quien había desatendido elementales medidas de prudencia. Lo que llama la atención es que aún se levanten voces reivindicando ese derecho a la imprudencia que sólo la majadería puede incluir en el deporte. Si no tiene sentido que una negligencia deba ser pagada a escote entre todos menos lo tiene, desde luego, que poner en riesgo la vida ajena, como si de un juego inocente se tratara, carezca de sanción.

14 Comentarios

  1. El antiguo régimen tenia la obligación hace años de surtir de mingitorios a los ciudadanos. Había pocos pero los suficientes para salir del apuro tanto en la Sevilla de 1955 como en la Barcelona de 1960.

    Cincuenta años después han desaparecido casi todos de París, Sevilla y Barcelona.

    El actual Estado no garantiza la SEGURIDAD ni la MICCIÓN de sus ciudadanos dentro del perímetro de sus ciudades y sin embargo se gasta millones en recuperar cadáveres, y a todo aquel que desafía su vida en cualquier deporte de riesgo.

  2. Creo que saca un tema que mucha gente se ha planteado vieno esos despliegues que no hay más remediodque hacer cada vez que un insensato decide escalar una pared inaccesible o perderse en una sima insondable. Que lo paguen ellos, sí señor, y si se derivara algún daño el los sociorristas, lo mismo. Esta gente se cree que la vida es un juegpy desde luego no lo es para quienes se la gana jugándose la vida para rescatarlos.

  3. Ya va siendo hora…
    Vale que cada uno tenga derecho a que le salven la vida cueste lo que cueste, pero ¿Por qué ha de ser a escote entre todos?. ¿Por qué han de arriesgar sus vidas bomberos y militares?.

    Y cambiando de tema ¿Cuánto nos lleva costado la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo al dictado de unos niñatos canallas aconsejados, seguramente, por otros tan canallas como ellos?.

  4. ¿Y qué pasa -no es pregunta retórica- con esos dos millares anuales de accidentes de tráfico, que gracias a la DGT, solo en 2008 han conseguido situarse en 1.900 y pico? ¿Se delimitan responsabilidades de culpabilidad y corren por cuenta de las aseguradoras los daños materiales y personales causados? En mis dos últimos tratos con los seguros que pago religiosamente año tras año, en otros campos desde luego, han echado el culo afuera, con perdón, desentendiéndose de dos partes que he presentado, donde la palabra de un supuesto perito es dogma de fe y va a misa. Le queda a uno la posibilidad de extinguir ese contrato, pero ellos se reirán hasta partirse el culo, perdón otra vez, de las cantidades que ya llevo abonadas y que me han servido de rien de rien.

    Estoy, como una inmensa mayoría de contribuyentes, de acuerdo con la tesis expresada en la columna. Todo practicante de deportes de riesgo -y han brotado como hongos pequeñas empresas que los publicitan- debería asumir una póliza de seguros como ya creo que es obligatoria para los cazadores, por ejemplo. No tenemos los demás por qué correr con los gastos originados por cuatro inconscientes, que no lo serían tanto si pusieran en riesgo sus bolsillos, o el de su familia, a la hora de cargar con esos gastos que se expresan.

    Y totalmente de acuerdo con mi don Griyo, cuya idea ya me había brotado antes de llegar de llegar a su comenta. El confeso homicida de de la chica del Castillo debería haber cometido algún otro delito a expiar -por muy defensa propia que alegue- confundiendo a la justicia con sus mentiras que han originado un gasto desmesurado a las arcas públicas. Antes de salir del talego debería sufragar hasta con el último céntimo de su peculio, ese pisito al parecer escenario del crimen, el dinero derrochado en seguir sus pistas falsas.

    Con su venia, madame, besos a todos.

  5. No puedo menos que sumarme a la tesis de ja y a los comentarios anteriores. Proliferan esos “deportes” de riesgo, en ocasiones inconcebibles y por lo general inspirados por un extraño instinto que roza del freudiano instinto de muerte. En lo que se refiere a los costes (económicos y personales), ninguna duda: que cada cual pague los platos que rompe. No creo que escalar montañas o sumirse en una sima sea necesario. Pues si no lo es… será un lujo que hya que pagar llegado el caso.

  6. Buena reflexión, inusual en estos tiempos en que parece, justamente, “antisocial” hacerse la preguntita indiscreta que nadie quiere formular, y mucho menos responder: ¿quién paga esto?.
    Saludos cordiales

  7. Una cosa es el rescate forzado por las circunstancias y otra, como se indica, el que se produce por imprevisión o imprudencia del aventurero. Hemos asistido hace semanas al rescate de un montañero ancaldo en una pared inaccesible, y supongo que todos hemos sentido piedad por el accidentado pero también que muchos se han debido preguntar quién iba a pagar tantas horas de búsqueda, tantos jornales, tanto helicóptero y tantos especialistas movilizados. Se entiene que haya pasiones minoritarias que tienen su derecho a jugar, pero no que en caso de provocar gastos tan crecidos éstos hayan de recaer en el bolsillo del contribuyente, que bastante tiene ya con pagar al Estado-Leviatán y, por si fuera poco a la multitud de mangantes que lo administran.

  8. Plenamente de acuerdo. Quien provoca un gasto debe asumirlo. Y eso nada tiene que ver con la ayuda humanitaria que, llegado el cvaso, porcede prestar, con todos los medios disponibles, incluso al imprudente.

  9. Los señores jueces ya pueden ir enterándose de lo que es “normal” para un montañero experto, o novel, por poner ejemplo, porqué ¿ quién va a dictaminar si fulanito fue imprudente o simplemente tuvo mala suerte?
    Es normal que el imprudente finalmente asuma sus responsabilidades, pero no nos pasemos porque dentro de poco ni podremos respirar hondo, so pena de ser tachado de kamikas.
    Un beso a todos.

  10. Imprudente es el imprudente, madame, o séase, el que no tiene en cuenta el pronóstico meteorológico, el que hace skiboard en zona peligrosa, el que sale tarde o se aleja en parajes difíciles. No es tan complicado distiguir entre un escalador serio, sobre todo, si está federado y sigue normas estrictas, y uno kamika, como usted dice.

  11. “Es normal que el imprudente finalmente asuma sus responsabilidades, pero no nos pasemos porque dentro de poco ni podremos respirar hondo, so pena de ser tachado de kamikas”…..

    Se agradece como aire fresco de montaña su comentario, Dª Marta, que cómo ha quedado claro no exime de sensatez. El “ala dura” del casino sigue recordando, una vez más, a los Cicutas y Tacañonas del Un, Dos, Tres.

  12. Amén a todos menos a uno.

    Espero no ocurra que por culpa de legisladores inútiles haya que pagar un pastón por la búsqueda de una criatura que se haya perdido en el monte o que se haya caído a un pozo.

    Pepe Griyo

  13. El pastón se va por otros sitios y se lo llevan otras criaturas mejor trajeadas, por si no se ha enterado D. Ame-no.

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