Hablo con Mikel Buesa, el ilustre economista y incansable luchador, de la extraña predilección de esta sociedad por el conocimiento extravagante. De los numerosos programas que invaden nuestros ‘medios’, del éxito sin precedentes de la superchería, de la boyante industria del camelo. ¿Por qué se interesan los públicos o nuestros universitarios por temas esotéricos mientras rechazan sin concesiones cualquier aproximación formal a la Cultura? Son incontables los ensayos contemporáneos que giran alrededor de la patraña del “Graal”, del absurdo matrimonio de Cristo y la Magdalena, de la inverosímil estirpe sagrada y el origen crístico de los reyes merovingios, secretos custodiados por ridículos prioratos tan recientes como falsos. Hay, por supuesto, amplio margen a la especulación arbitraria y siempre lo hubo, no nos engañemos. Durante años fue famoso el caso de un periodista de Boston, Ed Samsom, que soñó y publicó con pelos y señales la destrucción volcánica de la isla indonesia de Prolope mucha antes de que la noticia pudiera ser conocida en Occidente, o el de la desconocida novela de Morgan Robertson que adelantó en casi quince años la tragedia del ‘Titanic’ con una minuciosidad que hace pensar en la teoría iunguiana de la sincronicidad. Del propio Iung se ha contado mucho la extraña historia del escarabajo de oro del que una paciente le hablaba en el momento en que uno real chocaba contra los vidrios de su ventana y un rato antes de que un amigo ausente desde hacía años reapareciera trayéndole como recuerdo de Egipto precisamente un escarabajo sagrado. Los modernos gurús hablan sin parar de estas serendipias entre las que no suelen incluir, curiosa y siginificativamente, el doble y casi simultáneo descubrimiento del ADN por Watson y Crack. Le digo a Mikel que este mundo está perdiendo la chaveta a paso ligero y él asiente desde su cachaza reflexiva, como alguien a quien no le merece la pena ni siquiera lamentar lo inevitable. ¿No decía el maestro Bergson que era mucho más fácil hacer creyentes que sabios? Pues eso es lo que había y sigue habiendo tantos años después.
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Volvemos a lo de ayer: no hay puente dialéctico posible entre la Razón y el Mito, no existe modo de entenderse con un interlocutor instalado en un paradigma arbitrario, que se expresa en un sistema categorial por completo ajeno al conocimiento convencional. Entre quienes practican lo que Aristóteles llamaba la “doxa”, o sea, opinión corriente, y quienes tratan de atenerse severamente a las exigencias de la “episteme” o ciencia en sentido estricto, no hay diálogo posible, se trata de moros y cristianos, o se trate de crédulos y racionalistas. En Bélmez cuando un experto determinó que las famosas teleplastias eran fácilmente reproducibles artesanalmente (¿y de qué otra manera podrían serlo?) se armó la de Dios es Cristo, pero cuando un opinador habló de fraude consentido por el propio consistorio, éste no dudó en emprender acciones legales contra el debelador. Y sigue yendo gente a Bélmez a ver las caras, por supuesto, poco menos que en peregrinació, lo que poco tiene de extraño tras el espectáculo que el papa anterior hizo protagonizar al actual con motivo de la carta secreta de Fátima y sus ridículas revelaciones tan celosamente guardadas durante casi un siglo. Mikel no dice nada, como abstraído en un pensamiento que imagino abrumado por la carga del absurdo. Es más fácil hacer creyentes que sabios, qué verdad tan incontrovertible. Y aunque convenimos en la práctica inevitabilidad del embuste y de su fatal propagación en una sociedad medial divagamos hacia zonas más seguras sin perder la esperanza en una eventual restauración del sentido común. Naturalmente hemos hablado de otros temas más graves y lacerantes pero mejor me los dejo en el tintero. Hay espíritus como el suyo que bien merecen un descanso.

5 Comentarios

  1. Estoy desde hace un mes por Aguilas y escribo desde un “ciber”.

    El día 19 en Totana (Murcia) asistiré a una presentación del Movimiento Ciudadano para la República Constitucional a cargo de D. Antonio Trevijano.
    Este ha efectuado la presentación en el Ateneo de Madrid el día 12 de Abril.

    Por si es de vuestro interés os cuelgo el link del dircurso que dió:
    http://antoniogarciatrevijano.com/

    El día 20 vuelvo de nuevo a Viladecans.

  2. Ya saben la frase de Napoleón resumiendo las tres cosas que hacían falta para ganar una guerra. Pues ese mismo ‘dinero, dinero y dinero’ es la clave para que en este mundo nuestro que antes se acercaba al confesionario ‘de gratis’, se gaste un perraje en nigromantes, videntes vegetarianos, echadoras de cartas y demás fauna picaresca que pone el cazo –un teléfono de esos que tarifa cien veces más rápido que un taxi- para decirle a una señora algo analfabetita que su nene va a encontrar trabajo ya prontito o que lo que le duele en la espalda va a ser cosa de las humedades de su vivienda.

    Vayan al Vaticano o a la Meca, a la Vía Dolorosa o a Fátima y encontrarán una punta de charlatanes chamarileros que le meterán casi a la fuerza en su zoco maloliente. Los más listillos usan editoriales o productoras cinematográficas para vender su burra con despliegue mediático más falso que los billetes de seis euros. ‘Mardito parné’ que cantaba la trianera. Pero ni se le ocurra poner en duda, y menos por escrito, lo divino de la muerte que es el temita –ya sea cosa de aparecidas, de cristos barrocos tras encapuchados, de tambores ensangrentados o de grutas milagreras- porque hosteleros, raboalcaldes, jipis de puestecillo y paisanos orgullosos le lapidarán a la de una.

  3. 21:02
    Siempre ha habido crédulos y creyentes. Para mi son dos categorías diferentes de la misma cosa.

    El caso es que, con el aumento del conocimiento, va disminuyendo inexorablemente el número de creyentes pero no el de los que tienen la necesidad de creer.

    Curioso: Cada vez más, los videntes y charlatanes recurren a la física cuántica, que desconocen totalmente, para dar una explicación “razonada” de su “conocimiento”.

  4. Yo he visto/oido a un charlatán de estos, ante una resonancia magnética cerebral decir que él veía la imagen de un búho amazónico, amazónico nada menos. Y luego, en puritita lógica sacaba sus deducciones esotéricas. Lo juro, huy no por Dios, lo prometo por Snoppy.

  5. Lo que dice aquí don Griyo está muy bien dicho: sigue habiendo gente que necesita creer en algo, aunque la ciencia haya progresado mucho y despejado muchas incognitas. Yo soy una de ellas. Religión es eso, echar puentes, crear lazos entre el mundo presente y otro más allá. Quizás sea muy credula pero menos que otros que no son creyentes. Las cosas no son simples, pero es verdad que cuando las cosas van mal te agarras a lo que puedes,y a menudo es un timo.

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