Llama la atención que en unas sociedades incapaces de prevenir los más atroces abusos sobre los niños haya logrado abrirse paso con fuerza creciente una idea de protección tan radical como la que cualquier rapacillo aprende hoy en la escuela. Es casi habitual ya abrir el periódico y toparse con la noticia de que alguien, los propios padres en primer lugar, se ven en apuros ante la Justicia por haber reprimido, incluso con violencia moderada, la rebeldía de un menor. Una bofetada puede constituir hoy una falta o incluso un crimen penado con trabajos sociales o incluso con cárcel, en ocasiones a instancias del propio menor que tiene a su disposición un teléfono, o incluso de un tercero (un educador, un viandante testigo, cualquiera). Nadie en sus cabales apoyaría la lógica del castigo corporal, por supuesto, pero ya me dirán que hace el padre o a la madre ante situaciones delicadas de rebeldía y hasta de violencia que quiebran sin remedio el orden imprescindible. En Castellón condenaron a una madre por abofetear a la hija empeñada en no lavarse los pies antes de colocarlos sobre la mesa, en Jaén a un ciudadano que hizo lo propio con el niño que acaba de apedrear a su sobrina, en Albacete logró ser absuelta tras muchos rodeos una madre acusada castigar a su hija desobediente e irrespetuosa, en Suecia han detenido a un político italiano que dio un capón al nene en plena calle para frenar un arrebato de furia y en algún lugar de Francia se juzga estos días al propio alcalde que, por reprender a un mozo que tras escalar una valla recién instalada por el Ayuntamiento, se le enfrentó amenazándolo. Se ha convertido ya en habitual que el niño amenace a sus padres con “denunciarlos” telefónicamente si no consigue por completo sus deseos, y yo he visto y oído como un rapacillo de barriada advertía a un alto jefe policial –que le había preguntado por qué no estaba en la escuela a media mañana— de los serios peligros a los que se exponía al reconvenirle dado que él era un menor.

Hemos pasado del abuso patriarcalista a una suerte de anomia en cuyo marco la imprescindible autoridad paterna se ve gravemente amenazada, sobre todo tras la Convención de los Derechos del Niño del 89, sin que a cambio se ofrezca a la familia y a la sociedad algún instrumento compensatorio para mantener el mínimo de disciplina imprescindible en toda convivencia. No me extrañó leer el otro día que una madre desautorizada retara a la propia policía y al juez a educarle su hijo díscolo. En un país donde, en cualquier caso, consta que la mitad de la población defiende la necesidad del sopapo razonable, parece obvio que quedan muchas notas por afinar en ese desconcierto.

4 Comentarios

  1. Esto tiene causas diversas, no es sólo la LOSE. Toda una sociedad cambia de valores, a la baja, y la fa,ilia ha dejado de ser considerada seriamente por el Poder y por la propia sociedad. Nada dice la columna de los hijos que pegan a sus padres. Hay cientos de miles de casos.

  2. En USA ese problema es preocupa mucho ahora, pero aquí el “proteccionismo” de los menores no es tan papanata. Esrtimo tamnbién, como Eleuterio, que el problema inverso es sumamente grave, en USA como en España.

  3. Padres, educadores, sociedad, tienen su cuota de responsabilidad pero yo además pongo la culpa en los mensajes publicitarios que, por norma, usan y promueven la rebeldía como medio de agitar el mercado juvenil. Añádase a esto la estrategia comercial complementaria a la anterior que consiste en burlarse abiertamente de valores como la responsabilidad y la reflexión: Just do it.

    Quizas hace veinte o treinta años era relativamente más fácil ejercer el control paterno sobre estos mensajes, al menos los dirigidos a los niños. Sin embargo, los tiempos que corren (y las TIC) no ayudan precisamente a este menester.

  4. Lo del caso actual francés, del edil que dió una bofetada a un joven que se le enfrentó en inaudito: los pobres alcaldes están entre la espalda y la pared: si le pasa algo al niño por saltar la valla lo denuncian y lo llevan a los tribunales y si le da un bofetón lo mismo. No es de extrañar que haya tantos pueblos sin que nadie quiera tomar la releva..
    Besos a todos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.